Respuestas

2012-10-09T06:22:35+02:00


1. Descartes (s. XVII)

Él llegó a la conclusión que el pensamiento consciente de sí mismo es la primera evidencia para el hombre y de la que hay que partir. Esto no es verdad porque para que el pensamiento se conozca a sí mismo antes tiene que haber conocido algo de la realidad exterior a sí. Descartes ha planteado la duda metódica pero ahora tiene que salir de ella; ¿cómo?: Enumera las ideas que hay en su mente para ver si hay alguna de la que se pueda decir que es imposible que sea una sugestión mental. Y encuentra una: la idea del ser totalmente perfecto; es decir: la idea de Dios. Si dentro de mí, que soy un ser imperfecto, está la idea del ser totalmente perfecto, tal idea no me la puedo haber dado a mí mismo porque lo más perfecto no sale de lo menos perfecto...por tanto me ha sido dada por Dios de un modo innato; luego Dios existe. Como Dios es un ser totalmente veraz el mundo no puede ser un engaño.

¿Es válido este razonamiento? Podríamos pensar que la idea de total perfección la genera la mente por contraste con la propia imperfección. Además si le preguntáramos a Descartes en qué consiste la perfección de Dios diría bastante poco de ella, como le ocurre a todos los mortales. Esto quiere decir que no tenemos un concepto exhaustivo de Dios, cosa imposible, y que no vemos de un modo directo su naturaleza con la razón. Dios para nuestra razón no es evidente. Además: si Dios nos diera su idea a todos seguramente todos estaríamos más de acuerdo sobre quién es Dios y qué implicaciones tiene esto en nuestra vida. Descartes también tiene otra prueba para la existencia de Dios igual que el argumento ontológico, pero en versión matemática. Sobre este argumento ya hemos hablado: concebimos un Ser supremo del que todo depende. Primero acudimos a la realidad material que es la que podemos ver de un modo patente y luego nos remontamos a su causa última. Pensar que nuestra noción de Dios es independiente del mundo supone un error de lo que en realidad ocurre y de cómo funciona nuestro conocimiento.



2. Hume (s. XVIII)

Primero conviene recordar su hipótesis del conocimiento. Dice que las ideas no son más que recuerdos de las impresiones (p.ej. de la luz del sol). Por tanto si no tenemos impresión de Dios tampoco podemos tener una idea de él.

Se le puede decir, como explicamos en el punto 5 del tema 3, que la idea parte de la imagen pero va más allá de ella. Esta conclusión suya se deriva de no entender que las ideas son algo distinto a las imágenes.



3. Kant (s. XVIII)

Kant piensa que sólo llegamos a los fenómenos de la realidad, pero no a la realidad en sí misma. Por esto es imposible demostrar la existencia de Dios según su filosofía.

Sin embargo ya que la razón teórica o pura no ha podido llegar a Dios, Kant lo intentará mediante la razón práctica o moral.

Al igual que en el entendimiento había unos formas a priori(unos modos previos a nuestro contacto con la realidad de nuestra manera de conocer) de la experiencia, en la razón práctica ocurre lo mismo con la forma moral del deber. El deber se traduce por el imperativo categórico(máxima moral): sŽ ejemplar o bien trata a cada persona como un fin en sí misma. Las exigencias de este deber van a pedir o postular la existencia de tres realidades: a) La libertad, porque sin ella es imposible ser moral. b) La inmortalidad del alma porque la coincidencia entre lo que soy y lo que debo ser no termina en esta vida. c) La existencia de Dios: una realidad donde su ser se identifica con su deber ser. La necesidad de una recompensa es lo que postula a Dios.

Respecto a lo que dice Kant se pueden afirmar varias cosas: a) La libertad es una evidencia de experiencia y no tiene que ser demostrada. b)La continuación del desarrollo moral después de la muerte supone aceptar que tras la muerte hay tiempo; cuestión que no es posible probar. c) No es buen fundamento la necesidad que nosotros tenemos de Dios para afirmar su existencia porque este sentimiento de necesidad puede variar. Se puede probar la existencia de Dios a partir de las realidades del mundo y luego, en un segundo plano, hablar de la necesidad que los hombres tenemos de él.