Respuestas

2012-10-02T03:01:19+02:00

Los orígenes legales e institucionales del actual sistema de banca central en Guatemala se remontan al período de la reforma monetaria y financiera de 1924-1926. Entonces, fue creado el Banco Central de Guatemala como establecimiento de emisión, giro y descuento, de carácter privado y con participación del Estado como accionista. Esta reforma culminó durante el mandato del General José María Orellana (1921-1926), y fue conducida en su etapa final por un equipo bajo el liderazgo del Licenciado Carlos O. Zachrisson (entonces Ministro de Hacienda), que trabajó sobre la base de los estudios técnicos elaborados por el profesor EdwinWalter Kemmerer, de la Universidad de Princeton.

¡La mejor respuesta!
2012-10-02T03:03:32+02:00

Qué mentira lo de la Independencia! Al cantar nuestro himno guerrero, modernista y desfasado, siendo estudiantes o antes de un encuentro deportivo, juramos defender nuestra soberanía si algún día resultábamos amenazados por invasión extranjera, pero como siempre hemos vivido invadidos no notamos la diferencia, así que no importó cuando perdimos Belice u otros tantos de tierra, ni nos defendimos cuando nos invadieron los mercenarios de los gringos en 1954. Hasta los muchachos guerrilleros, que tomaron las armas por idealismo, resultaron apoyados por naciones extranjeras. La verdad, aunque nos duela, es que nuestra Independencia es una gran mentira, porque somos un país pequeño, pacífico en un tiempo lejano (cuando éramos pocos), y de bellos paisajes que no se pueden envasar para la exportación o ya los habríamos perdido, pero siempre dependientes de los poderes extranjeros. Hoy nos llamamos Guatemala, pero en el futuro podríamos llamarnos de otra manera.

La falsa llama del nacionalismo solo arde cuando le conviene a particulares, los mismos que se oponen a la unión centroamericana, porque unidos seríamos fuertes y poderosos, mientras que aislados somos débiles y propicios para que hagan con nosotros lo que les dé la gana. Los malhechores explotan nuestro amor propio y el derecho como nación soberana cuando se trata de no ser juzgados por sus crímenes. Ahí sí sirve ser chapín, para protegerse con la misma chamarra, y convertir nuestro país en una cueva donde los criminales pueden andar a gusto por todas partes, sin importar el sufrimiento que causaron. Vean, si no, el revuelo que causó la visita del juez español que vino a contarle las costillas a los acusados de crímenes de lesa humanidad, responsables de la desaparición de frailes españoles que aquí fueron martirizados. Nosotros no los castigamos y hasta los defendemos con argumentos como los del abogado que aparece diciendo que no hay que permitir a extraños entrar a tu casa a sopapear a tu hijo. Él, quizá, ya olvidó que los acusados entraron a nuestras casas, nos sopapearon a muchos, de lo que dan muestra las cicatrices sociales, y mataron a los nuestros, pero que nosotros no hemos tenido la suficiente testosterona ni el honor para cobrarles la cuenta.

Aquí se entrometen todo el tiempo los países poderosos, los donantes, el Fondo Monetario Internacional, y nos dicen qué debemos hacer y cómo. El TLC no es el resultado de una solicitud nuestra, pero hay que adaptarse y ajustarse porque nadando en contra de la corriente solo se retrocede. Y por eso no tiene lógica que nos volvamos tan orgullosos y puristas para defender a los acusados de grandes crímenes. Dejémoslos en manos de otros jueces, ya que los nuestros están ciegos o se hacen. Tal vez estaríamos mejor en esta cárcel patria si los países vecinos nos hicieran el favor de llevarse a cuanto maleante ronda por las calles. Júzguenlos ustedes y déjenos en paz.