Respuestas

2012-08-28T01:10:32+02:00
Santiago, un viejo pescador, hace 84 días que pesca en un bote en Gulf Stream, sin atrapar un pez. Durante los 40 primeros días su soledad se mitigó por la presencia de un muchacho, su mejor amigo, quien no pudo acompañarlo más tiempo y lo dejó solo, en la mitad del mar. Todo en Santiago es viejo. Su cuerpo, su rostro, su ropaje, el bote en que navega, los útiles de pesca. Hastiado por su larga espera el viejo regresa a la playa y aguarda un tiempo. Entonces, de nuevo ayudado por su amigo se hace a la mar y tras unas cuantas horas, cuando ya ha perdido de vista la costa, un pez muerde el anzuelo. Santiago nunca pudo imaginarse la dimensión de su fortuna. Aquel pez no era un animal común y corriente de los que atrapan tantas veces los pescadores y marineros. En esta ocasión se trata de un hermoso pez espada, más grande que el propio bote en que se desplaza Santiago, dispuesto a combatir hasta la muerte y arrastrar consigo, si fuera necesario. La batalla con el enorme ejemplar pronto adquiere dimensiones épicas. Arrastrado por el animal, Santiago recorre incontables Kilómetros mar adentro. La decisión del anciano, sin embargo, sigue imperturbable. Jamás ha visto un pez así y tampoco ha oído hablar de él. De cualquier manera debe matarlo, aunque pronto las energías del viejo se ven drásticamente menguadas, las circunstancias de la lucha, el poder insobornable de su contrincante y su propia naturaleza. Santiago sabe que el pez lo está matando. Pero lejos de maldecirlo o maldecir su suerte, comprende la inmensidad del derecho que lo asiste. Ya no le importa cual de los dos haya de morir. Cualquiera tendría derecho.

Sin embargo, tras enconada lucha las fuerzas del pescador ganan, y ebrio de felicidad ata al gigante pez al costado de su barca y se dirige al puerto; ya aparecen las construcciones de la ciudad brumosas a lo lejos, cuando un terrible presentimiento hiela su sangre entre las venas. Ha visto o creído ver la ominosa figura de un escualo sobre el agua. Sigue su rumbo, esperanzado en que aquella imagen no fuera otra cosa que su imaginación, pero ve cruzar frente a la proa las inequívocas y temibles aletas de varios tiburones, que olisqueando a kilómetros la pista de la presa, cercan por manadas el bote y se aprestan a la rapiña. La desilusión de Santiago es tan grande como fue su alegría. Bien sabe el viejo que el honor de un pescador, es llevar a la playa sus presas. No le basta pescarlas, no le basta haber luchado y vencido si el pez capturado no puede llegar a la arena. Todos los esfuerzos habrían sido vanos. Así armado con la súbita determinación que pudo encontrar en medio de fatiga, arremete contra los depredadores con la única fuerza de sus remos. Pero es inútil. Las fieras consiguen su propósito y el viejo pescador alcanza tierra con el desolador espectáculo del bello pez completamente devorado. Solo la cabeza, la cola y el esqueleto atestiguan la dimensión de su batalla. Desalentado profundamente, Santiago quisiera allí mismo morir para olvidar sus penas, pero las palabras juntas y cordiales de su amigo le devuelven en algo la alegría perdida. No fue el pez quien lo derrotó. Frente a él, combatiendo contra sus enormes fuerzas, el viejo Santiago supo responder y vibrar. La comunidad entera reconoce entonces la grandeza de ánimo del viejo, capaz de afrontar la desdicha y la alegría sin ser avasallado por ellas. No en vano Santiago ha sido siempre considerado ejemplar y magnífico. Enfrentando a su soledad soporta, como pocos, el peso abrumador de su pena y su esperanza.

2012-08-28T01:38:42+02:00

RESUMEN
Santiago es un viejo pescador cubano que no ha capturado nada en ochenta y cuatro días. Durante los primeros cuarenta días lo ayudaba Manolín, un joven pescador del pueblo, pero su infortunio parece tan definitivo que los padres del chico lo embarcan en otra nave para ir con pescadores con mayor suerte que el viejo con respecto a sus pescas. Sin embargo, el joven muchacho le seguía ayudando y haciéndole compañía.

La mañana del ochenta y cinco Santiago conduce la barca mar adentro, dónde sabe que podrá pescar algo

Ese día el viejo salió a la mar (como la llaman quienes la quieren, dice Hemingway) con el objetivo de terminar con su mala racha en la pesca. El muchacho le había conseguido cebo. Al cabo de unas horas de navegar, tras haber perdido de vista la costa, un pez picó el anzuelo. Era un pez enorme, dispuesto a luchar hasta la muerte si era preciso. La barca navegó a capricho del pez mar adentro. Las fuerzas del viejo cada vez iban a menos y predecía que el pez le podía matar, pero tenía una fuerte determinación por conseguir sacarlo del agua, y no le importaba si tenía que dejar su vida en el intento. Tras una larga y dura batalla, el pez tuvo la peor suerte, y el viejo, rebosante de felicidad, ya que no creía que el pez fuese tan inmenso, lo amarro al costado de la barca, para poner rumbo a la costa. Todo su empeño habría sido inútil si no consiguiese llevar el pez a tierra firme. Sin embargo, y para su desilusión, apareció un tiburón. Cuando el escualo se acercó a comer el pez el viejo le asestó un mortal golpe en en la cabeza con el arpón. Se había librado del tiburón, pero no tardarían en acercarse otros más siguiendo el rastro de la sangre desparramada del pez herido. El viejo logró batirlos, pero se habían comido medio pez. Por la noche se le acercaron más, que acabaron con él, dejando solo la cabeza, la espina y la cola, suficientes para dar testimonio de la hazaña.

Así, llego por fin a puerto. Era de noche y no había nadie para ayudarle a recoger. Cuando terminó se fue a su casa a dormir. A la mañana siguiente el muchacho, muy preocupado, fue a su casa para ver cómo estaba y le prometió que saldría a pescar con él. Los demás pescadores reconocieron el mérito de Santiago, al ver los restos del pez.