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2012-06-29T01:35:46+02:00

Resumen:

Uno de los más impresionantes hallazgos que me ha deparado mi curiosidad insaciable es el haber descubierto la íntima compenetración, interdependencia e interapoyo existente entre cinco fenómenos que los despistados suelen considerar como cosas distintas y que, sin embargo, poseen una básica raíz común. Me refiero al quinteto infernal integrado por: Política-Policía-Polución-Polilla-Poliom… (Conscientemente, y por razones que prefiero reservarme, no agrego a la maltratada Poligamia.) Lo cierto es que, aún siendo los factores mencionados uno para cinco, y cinco para los que salgan, es la Política quien actúa como cabecilla. Sobre ella se han intentado muchas definiciones que considero incompletas, por no tomar en cuenta precisamente su cualidad intrínseca: a pesar de que uno la aborrezca, siempre la tiene que aguantar.

Arriesgándome a que en el porvenir este sobrio y despasionado panfleto sea calificado de subversivo, parcializado y obtuso, quiero dejar fiel constancia de que ideas políticas tengo, y ellas no pueden ser otras que las avanzadas ideas que exaltan al más humano y divino sistema: el socialismo utópico. Debo denunciar que el Manual de tramposas ideas políticas que me vendieron, saltaron o sustrajeron ladinamente el capítulo correspondiente al llamado socialismo centrífugo, hecho éste que me obliga a declararme neófito sobre el particular. No obstante, esta pequeña laguna no me impide parcializarme abiertamente por el sistema utópico, en el cual, hasta el momento, no he advertido fallas ni limitaciones, el que cada quien pueda agregarle libremente el pedazo de sueño que le dé la gana, sin por ello ser acusado de revisionista. Es de esta amplitud imaginativa de donde surge su justísima consigna: "A cada quien según sus ociosidades".

En cualquier caso, no tengo el menor inconveniente en ser trasladado de este pabellón de manicomio donde me encuentro arbitrariamente clasificado, hasta cualquier rincón de la "Ciudad Dorada". Sirva de paso la declaración de mis ideas revolucionarias para desvirtuar cualquier acusación de conservador, motivada por el intransigente repudio que siento por la guitarra eléctrica.

En cuanto a la idea pilar que sirve de soporte al conjunto de mi pensamiento político, puede resumirse en el rechazo absoluto de todo Papa Upa en cualquiera de sus numerosas variantes (emperador, rey, primer ministro, cacique, piache, presidente, generalísimo, etcétera). Puedo transarme con la instauración de una Junta Popular electa en una playa de mercado libre y removible cada quince (15) días, lapso a partir del cual comienzan a observarse en el gobernante síntomas de creer seriamente que él mismo es, y fatalmente, ya se le ha acercado el primer chupamedias a ratificárselo. Es obvio que en esta junta popular, maestros, cocineros, locos, caminadoras, poetas y marginados tendremos taburete. No juzgo necesario, ni tampoco posible, que alguien se convierta en tribuno portavoz del pueblo, por cuanto mis atentas observaciones en los autobuses, carritos por puesto, mercados, casas de vecindad, bodegas, barberías, etcétera, indican que mientras más arruinado es el tipo y destartalada su condición, su lengua se torna mucho más aguda, desenvuelta, explosiva, temible y larga, siéndole por tal motivo completamente innecesario hablar con lengua ajena.

Es el caso, y lo que en este documento me corresponde denunciar, que mi asomado enemigo El Mago, consciente del lugar preponderante que ocupa la doctrina en la volunta de lucha de todo combatiente, se dio a la maligna tarea de estortillar mis convicciones. Sabiendo de antemano la imposibilidad de encasquetarme un Papa Upa a juro, se valió de las más sutiles artimañas para alcanzar su ladino propósito. Doy fe de que, durante casi la totalidad de la campaña electoral, resistí al sistemático bombardeo de promesas lanzadas por sus candidatos (incluyendo la tentadora oferta confidencial de uno de ellos, de hacer instalar un cómodo, rápido y ventilado ascensor en el superbloque en cuanto fuese electo con mi consentimiento). Nada me conmovió, ni siquiera las tiernas fotos que presentaban a los aspirantes cargando perritos, ordeñando vacas, comiendo frijoles, entrenando boxeadores, leyendo Blanca Nieves y besando ancianitas. Ni por un instante olvidé que mucho más angelical se veía Nerón tocando su lira y, sin embargo, no se le aguó un ojo cuando quemó a Roma. Aún menor atención presté a los innumerables requerimientos de El Mago para que me plegara: "¡Fíjate en esa pinta! ¡Mírame ese maaaachete! ¡Ayúdalo a ser útil!...", y otros casquillos más. Estaba dispuesto a defender hasta el fin las virtudes de la sabiduría colectiva, concentradas en la gran Asamblea Popular, y quizá lo hubiese logrado, de haber tomado la sabia precaución del astuto Odiseo. Ú