Respuestas

2012-06-25T23:55:54+02:00

Desde cuando Gary Becker, a finales
de los sesenta, relanzó las ideas de
Cesar Beccaria los economistas han
tratado de colonizar la criminología. Los
esfuerzos han estado orientados a
mostrar que los criminales también
responden a incentivos y, por otro lado,
a ofrecer criterios de política tanto para
la dosificación de las penas como para
el manejo de los recursos de los
jueces, los policías y los militares.
En Colombia la preocupación de
los economistas por temas escabrosos
como la violencia y el crimen surgió por
razones diferentes. Tal vez tratando de
dar cuenta del agotamiento del modelo
de desarrollo. En los últimos años el
interés se ha visto reforzado por la
progresiva contaminación de múltiples
facetas del ámbito económico con
asuntos criminales. Las amenazas de
descertificación o sanciones
comerciales, las presiones
internacionales por los derechos
humanos, y la emigración de empresas
por razones de seguridad han
reorientado en Colombia el perfil
óptimo del Ministro de Hacienda, y del
dirigente gremial, hacia una persona
que entienda de temas penales y de
orden público tan bien como de
aranceles o tasas de interés.

¡La mejor respuesta!
2012-06-26T00:18:11+02:00

Este artículo indaga por la contribución de la economía, como disciplina que aporta a conocimiento de una realidad social, en la comprensión de la relación entre el crimen, la violencia y el desarrollo en Colombia. Para ello y luego de reconocer que la violencia constituye el problema económico más grave que afronta el país, se examinan críticamente los conocimientos existentes sobre la violencia y su impacto en la sociedad colombiana. A continuación se analizan los vacíos en el diagnóstico de este fenómeno y se muestran las limitaciones de la disciplina económica en la comprensión del crimen y la violencia. Finalmente, el artículo discute acerca del papel que puede jugar la economía en el diseño y evaluación de las políticas contra la violencia, para concluir acerca de las redefiniciones necesarias en la medición de las variables de la violencia y en el acopio de información para un mejor diseño y aplicación de políticas, recurriendo incluso a metodologías extrañas a la disciplina como los testimonios, los estudios de caso y las historias de vida, sin rechazar el papel de la teoría y la estadística.

Desde cuando Gary Becker, a finales de los sesenta, relanzó las ideas de Cesar Beccaria los economistas han tratado de colonizar la criminología. Los esfuerzos han estado orientados a mostrar que los criminales también responden a incentivos y, por otro lado, a ofrecer criterios de política tanto para la dosificación de las penas como para el manejo de los recursos de los jueces, los policías y los militares.

En Colombia la preocupación de los economistas por temas escabrosos como la violencia y el crimen surgió por razones diferentes. Tal vez tratando de dar cuenta del agotamiento del modelo de desarrollo, En los últimos años el interés se ha visto reforzado por la progresiva contaminación de múltiples facetas del ámbito económico con asuntos criminales. Las amenazas de descertificación o sanciones comerciales, las presiones internacionales por los derechos humanos, y la emigración de empresas por razones de seguridad han reorientado en Colombia el perfil óptimo del Ministro de Hacienda, y del dirigente gremial, hacia una persona que entienda de temas penales y de orden público tan bien como de aranceles o tasas de interés.

Los problemas económicos que enfrenta una sociedad como la colombiana, en el interior de la cual la violencia, la amenaza y el recurso a las vías de hecho se han generalizado son enormes. Precipitadamente, los colombianos estamos aprendiendo esa lección. Hasta qué punto la disciplina económica ha contribuido en el país a mejorar el conocimiento que se tiene sobre las complejas relaciones entre el crimen, la violencia y el desarrollo es el tema de este ensayo. Se busca ofrecer la visión de un economista sobre la violencia colombiana reciente y argumentar que se trata del problema económico más grave que enfrentamos como sociedad. Se pretende además hacer un balance entre los aportes de la disciplina a la comprensión del fenómeno y sus más notorias limitaciones. Estas reflexiones, subjetivas, aparecen entrelazadas a lo largo del ensayo que, fuera de esta introducción y unas conclusiones, está dividido en tres secciones. En la primera se hace una síntesis de lo que se sabe sobre el impacto de la violencia colombiana. En la segunda se analizan los vacíos que existen en materia del diagnóstico de la violencia y se hace un inventario de las limitaciones teóricas y prácticas que presenta la disciplina económica para entender las causas de la violencia y el crimen en Colombia. En la tercera se hacen unas reflexiones sobre el papel que puede jugar la economía en el diseño y la evaluación de políticas públicas contra la violencia.