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2014-02-21T18:35:13+01:00
LA CONQUISTA ESPAÑOLA DEL ECUADOR    GENERALIDADES. Dos momentos son los destacables a la hora de hablar de la conquista del Ecuador por los españoles. El primero de ellos, relacionado con la costa, se produce con la marcha de Pizarro desde la bahía de San Mateo hacia Perú, y culmina con la prisión y muerte de Atahuallpa y la toma del Tahuantinsuyu. El segundo, serrano, se vincula a Belalcázar y la conquista del Reino de Quito. Con ello queda el territorio, oficialmente, bajo el control de la Corona.    Partiendo desde la bahía de San Mateo, los conquistadores siguieron rumbo al Sur en un incómodo viaje, potenciado por la crecida de los esteros debida a las lluvias de invierno.    La primera población localizada fue Coaque, que saquearon, cogiendo mantas, tejidos y piezas de oro y plata por un valor de veinte mil castellanos, así como una gran cantidad de esmeraldas, de entre las que destacaba una, del tamaño de un huevo de paloma, que fue adjudicada a Pizarro. Asimismo encontraron gran cantidad de vituallas con las que reponerse de las penalidades del camino.    El Curaca de Coaque fue encontrado en su vivienda, instándosele a que mandase regresar a los pobladores para servir a los españoles, lo que hicieron, «pero como los trataron muy duramente, al poco, casi todos volvieron a huirse a los montes».     Con el botín recogido, Pizarro acordó enviar dos navíos, uno a Panamá y otro a Nicaragua, para estimular la codicia de los habitantes de estas colonias y hacer que se uniesen a la empresa de la conquista. Entre la ida y vuelta de los barcos transcurrieron siete meses que los españoles pasaron en esta población y su entorno. Esto, unido a la dureza del clima, redujo el número de hombres y las fuerzas de los que sobrevivieron.     Entre los individuos que arribaron en estos navíos se encontraba Sebastián de Belalcázar, o Sebastián Moyano, que era su verdadero nombre, pero que tomó el de su población de origen al acceder al Nuevo Continente, y que tan célebre se haría tiempo después en la conquista y pacificación primeramente del Reino de Quito y posteriormente de Popayán.    Contando con estos refuerzos continuaron marcha por la costa, atravesaron Esmeraldas y Manabí con la intención de fundar un asentamiento hispano en la isla de la Puná, frente a Túmbez, sometiendo, a su paso, todas las poblaciones que encontraban, aunque en casi ninguna encontraron resistencia. El Curaca de la Bahía de Caráquez les obsequió amistosamente y el del Pasao entregó a Pizarro una esmeralda muy preciada por su tamaño, pidiendo la libertad de diecisiete indias que habían capturado los españoles en otra población, aunque no consta en las fuentes si éste accedió a la petición.    En Caráquez, la Cacica de uno de los pueblos comarcanos recién enviudada, recibió bien a los españoles, aunque intentaba atraerlos a una trampa para matarlos. Estos, alertados por la presencia de individuos armados, llevaron a cabo un ataque con caballos que terminó por desarmar a los indígenas, capturando a varios «principales» que, a cambio de su libertad, prometieron no levantarse en armas contra los españoles y castigar a quienes lo intentasen. Una vez pacificada esta zona continuaron su marcha hasta llegar al golfo de Guayaquil, donde descansaron antes de acceder a la isla de la Puná.     Antes de proceder al traslado se presentó Tumbalá, Cacique principal de la isla, acompañado de otros señores, ofreciendo su amistad a los españoles, así como alojamiento en su isla, lo que éstos aceptaron. Los indígenas comenzaron a aparejar unas balsas para el transporte de personas y enseres, lo que alertó a los intérpretes de los españoles que advirtieron a Pizarro que los indígenas tenían pensado cortar las cuerdas de las balsas para deshacerlas y ahogarles. Tumbalá lo negó «con tal aire de honradez y de verdad» (según cuentan las crónicas) que Pizarro se dio por satisfecho, aunque, para una mayor seguridad, dispuso que junto a cada uno de los indios remeros fuera un español con la espada desenvainada.    La isla de la Puná estaba, según reflejan las crónicas, habitada por una raza esforzada y belicosa, tenía varios pueblos y se hallaba gobernada por seis caciques, supeditados al control de un Cacique principal, en este caso Tumbalá, y con una población que ascendía, aproximadamente, a unos veinte mil individuos. Contaban con bosques frondosos en diversos puntos de la isla y una gran parte de ella se encontraba cultivada con grandes sementeras de maíz, huertas de cacao y otras plantaciones, aunque su mayor riqueza se encontraba en el comercio de la sal, con la que los isleños comerciaban tanto con distintos puntos de la costa como del interior y de la sierra.     Los indígenas de la Puná se encontraban subyugados bajo el poder del incario, lo que no era de su agrado, manteniendo un estado de guerra latente con sus vecinos de Túmbez.