Respuestas

2014-01-28T18:33:14+01:00
 El hombre habita un universo no animal sino simbólico, un mundo de pensamiento, sin obviar que el hombre también puede asumir esas potencias reactivas de lo animal, los hombres habitamos un mundo en el que lo que podemos percibir, lo podemos percibir como símbolo, no es la cosa lo que percibimos sino lo que nos significa de ella, no vemos una piedra si ella no nos significa algo, nuestro universo es tan grande como nuestra capacidad para nombrarlo, no olvidemos que cuando Dios crea el mundo, crea un mundo por la palabra, cuando dijo Luz, ella empezó a existir; es así como nuestro mundo, a diferencia del animal, es un mundo hecho de nuestra capacidad para simbolizarlo; una divinidad, no es una cosa, es el símbolo de la creación o del amor o de la muerte, pues una divinidad es la consumación simbólica de una manera de relacionarnos con el mundo. Fuera de nuestra capacidad para nombrar o simbolizar no existe nada, nada existe que no pueda ser nombrado, es así como el universo humano difiere del animal, un erizo vive un mundo que le es propio y no es el nuestro, es diferencialmente distinto del nuestro pues no es simbólico sino expresivo, es pura arena y agua y alimento y seres pero no lo percibe simbólicamente, nosotros sí.En un universo semejante, los intercambios simbólicos adquieren valores comunes en el interior de una cultura que los legitima como prácticas desde el consenso, pues un símbolo sólo puede tener sentido cuando circula colectivamente y lo que se comunica siempre es simbólico, de este modo la circulación de la comunicación dentro de la cultura está garantizada por ellos. Dentro de esa gama encontraremos, desde señales de humo, rituales y pinturas ceremoniales hasta los sofisticados sistemas de telecomunicación actuales que sirven de soporte a esa circulación simbólica.2. La Ciudad y la ComunicaciónLo que haremos en lo que sigue es explorar los modos que toma esa comunicabilidad en las relaciones que los hombres establecen entre sí y veremos cómo la ciudad es un espacio comunicacional en el que se optimizan los procesos de intercambio simbólico.Los procesos de identidad cultural radican en una identidad simbólica, se diría que es la pertenencia a unas prácticas culturales determinadas las que garantizan tal identidad, por lo tanto si tenemos espacios de comunicabilidad es en la comunidad o la aldea en la que se tienen que garantizar esos espacios, es así como la sociabilidad propia del hombre tiene que estar garantizada por un espacio comunicacional que puede ser el lugar que lo une a otros, que lo concentra para protegerse y para integrarse y además que en el plano simbólico le permite saber a qué o a quienes pertenece. Por las prácticas simbólicas inherentes a todo proceso comunicacional se garantiza la adscripción a una unidad simbólica que lo trasciende: la cultura. Dentro de ese marco de referencia tenemos entonces la posibilidad de inscribir no sólo la comunicación como un fenómeno de intercambio simbólico a distancia sino con soportes tales como el cuerpo (tatuajes, collares, pinturas, incisiones, ablaciones, el Quipú inca etc.) el espacio físico (el templo, el tambo, el camino, el tótem o la pintura rupestre) fenómenos físicos (la lluvia, el trueno, los cometas —recuérdese la visión que tiene Moctezuma que hizo pensar a los españoles que ya los esperaban gracias a la Telepatina— la astrología) etcétera. Todos ellos representan ese universo simbólico que habita el hombre y que como lo planteábamos anteriormente significa su adscripción a una comunidad cultural que lo sustenta. Las formas que toma ese universo enlazan al hombre a la comunidad y en ella circulan como mecanismos de identidad; ahora bien, el desarrollo que cada una de esas formas adquiere es diferencial en cada sociedad y es tan sofisticada como amplio es su dominio territorial, pues la noción de comunidad debe crecer simbólicamente en la medida en que el territorio, la unidad mínima expresiva, debe contener dentro de sí las marcas de ese dominio o control de la comunidad y ellas deben ser entendidas por aquellos que hacen parte de una comunidad simbólica diferente. 

2014-01-28T22:44:14+01:00
 Fuera de nuestra capacidad para nombrar o simbolizar no existe nada, nada existe que no pueda ser nombrado, es así como el universo humano difiere del animal, un erizo vive un mundo que le es propio y no es el nuestro, es diferencialmente distinto del nuestro pues no es simbólico sino expresivo, es pura arena y agua y alimento y seres pero no lo percibe simbólicamente, nosotros sí.En un universo semejante, los intercambios simbólicos adquieren valores comunes en el interior de una cultura que los legitima como prácticas desde el consenso, pues un símbolo sólo puede tener sentido cuando circula colectivamente y lo que se comunica siempre es simbólico, de este modo la circulación de la comunicación dentro de la cultura está garantizada por ellos. Dentro de esa gama encontraremos, desde señales de humo, rituales y pinturas ceremoniales hasta los sofisticados sistemas de telecomunicación actuales que sirven de soporte a esa circulación simbólica.2. La Ciudad y la ComunicaciónLo que haremos en lo que sigue es explorar los modos que toma esa comunicabilidad en las relaciones que los hombres establecen entre sí y veremos cómo la ciudad es un espacio comunicacional en el que se optimizan los procesos de intercambio simbólico.Los procesos de identidad cultural radican en una identidad simbólica, se diría que es la pertenencia a unas prácticas culturales determinadas las que garantizan tal identidad, por lo tanto si tenemos espacios de comunicabilidad es en la comunidad o la aldea en la que se tienen que garantizar esos espacios, es así como la sociabilidad propia del hombre tiene que estar garantizada por un espacio comunicacional que puede ser el lugar que lo une a otros, que lo concentra para protegerse y para integrarse y además que en el plano simbólico le permite saber a qué o a quienes pertenece. Por las prácticas simbólicas inherentes a todo proceso comunicacional se garantiza la adscripción a una unidad simbólica que lo trasciende: la cultura. Dentro de ese marco de referencia tenemos entonces la posibilidad de inscribir no sólo la comunicación como un fenómeno de intercambio simbólico a distancia sino con soportes tales como el cuerpo (tatuajes, collares, pinturas, incisiones, ablaciones, el Quipú inca etc.) el espacio físico (el templo, el tambo, el camino, el tótem o la pintura rupestre) fenómenos físicos (la lluvia, el trueno, los cometas —recuérdese la visión que tiene Moctezuma que hizo pensar a los españoles que ya los esperaban gracias a la Telepatina— la astrología) etcétera. Todos ellos representan ese universo simbólico que habita el hombre y que como lo planteábamos anteriormente significa su adscripción a una comunidad cultural que lo sustenta. Las formas que toma ese universo enlazan al hombre a la comunidad y en ella circulan como mecanismos de identidad; ahora bien, el desarrollo que cada una de esas formas adquiere es diferencial en cada sociedad y es tan sofisticada como amplio es su dominio territorial, pues la noción de comunidad debe crecer simbólicamente en la medida en que el territorio, la unidad mínima expresiva, debe contener dentro de sí las marcas de ese dominio o control de la comunidad y ellas deben ser entendidas por aquellos que hacen parte de una comunidad simbólica diferente.