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2014-01-20T15:30:44+01:00
CUENTO SOBRE EL VICIO AL TRABAJO
 sol se desvanecía por la tarde y las nubes remolineaban en la lejanía,como de costumbre regrese a mi casa; estaba exhausto.La lluvia anunciaba las 7:00 pm, tomé mi café, revisé algunos apuntes y meprepararé para dormir. Sin embargo, cuando me disponía a conciliar elsueño, un ruido en la cocina me despertó.Rápidamente pensé, en un gato o alguna una alimaña que hacen destrozosen la cocina. Así que me armé con una pantufla, cuando me acerque alrefrigerador noté que estaba abierto y que había una figura husmeadodetrás de la puerta. Debo confesar que me dio mucho miedo, si era unladrón tenía todas las de ganar(al menos que lo noqueara con mi pantuflaasesina, pero ese no era el caso).Cuando me disponía a ir por algo más amenazador para pacificar el asuntola sombra me respondió.―No te preocupes, no es necesario que saques la .32 que está debajo delcolchón, ni que llames a la policía, ni si quiera que te asustes, no me debestemer. No, no soy el fantasma de tu abuela y sí, puedo leer tu mente.En ese momento me aterré, las ideas se me vinieron a la mente y “esacosa” fue descartando cada una de ellas hasta que por fin pude adivinar.―Si, así es, soy la verdad, vine para mostrarte a la sociedad que debescriticar. La crítica no es mala, una crítica hace reflexión y estoy segura queno la usaras como un arma sino como una herramienta de la razón. Yo le pregunté el motivo por la cual hurgaba en mi refrigerador y mecontestó francamente.―El viaje fue largo y la “verdad” tenía hambre. Pero no te preocupes porpequeñeces, acompáñame a ver tu sociedad.La mano salió de las tinieblas y se rebeló ante mí una ancianita muycarismática y bien conservada, yo pensé que sería una “Verdad” joven yesbelta, pero Ésta era en si una viejita humilde y estricta.Cuando me sacó de mi casa pensé que la gente se burlaría de mi piyama(quien sale a las 12 AM en ese tipo de ropa) pero para mi sorpresa me volví algo etéreo, era una especie de sueño en vida.La Sra. Verdad me platicó en el transcurso un poco de su familia. “El Sr.Prudencia esto, mi hija Sinceridad aquello…” parea una personacualquiera, como si no tuviese nada que ocultar.Cuando por fin llegamos a la casa de mi jefe me susurró.―He aquí a la persona que tanto admiras, pero ¿realmente la conoces?