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2013-11-29T18:19:47+01:00
Desde este punto de vista, las convulsiones religiosas del siglo XVI, la Reforma protestante, reflejaron las tensiones políticas entre grupos nacionales emergentes y la autoridad imperial centralizada, al igual que muchas otras fuerzas sociales y económicas que funcionaban a finales de la Europa medieval. En general, los grupos religiosos protestantes, en particular los luteranos y calvinistas, se alinearon junto a las autoridades políticas locales y nacionales en el norte de Europa, animando así el nacimiento de comunidades nacionales modernas. Esto significó que los propios problemas existentes en el plano Iglesia-Estado que ya habían surgido en las luchas entre el Papa y el emperador se transfirieran en el orden de las comunidades nacionales. La solución temporal al conflicto religioso fue la Paz de Augsburgo (en 1555), donde se estipulaba que cada entidad política debería establecer el luteranismo o el catolicismo romano como un 'monopolio religioso'. Las religiones así establecidas no necesitaban, por supuesto, estar siempre unidas en las diferentes jurisdicciones. Hubo grandes comunidades de cristianos despreciadas tanto por los regímenes nacionales protestantes como por los católicos, en particular grupos anabaptistas, como los seguidores Menonitas de Menno Simons, quien resistió, en el nombre de la fe verdadera, a la correlación de religión con el área política. Desde una perspectiva histórica, este acuerdo no supuso una solución a largo plazo para el dilema occidental a cómo debían resolverse las exigencias religiosas y políticas.

En general, los asentamientos nacionales religiosos de Europa permanecieron intactos en el plano formal hasta el siglo XVIII, cuando la Revolución francesa cambió dicho orden. De hecho, hasta entonces, la Iglesia anglicana se basó, en gran medida, en las luchas que tuvieron lugar en Inglaterra a lo largo del siglo XVII. Sin embargo, la exclusividad de los Estados nacionales disminuyó, en el siglo XVII, y el principio de la tolerancia religiosa efectiva se consolidó en gran medida durante el siglo XVIII.

Esclarecer los conflictos civiles-eclesiásticos en la sociedad moderna ha sido difícil, como indican las controversias existentes entre los expertos con respecto a una serie de temas diversos. Ejemplos de estas polémicas incluyen la cuestión de si los organismos religiosos, sus propiedades y beneficios, deben ser tasados; si las confesiones religiosas deben permitirse en las escuelas del Estado; si el Gobierno debe apoyar a las parroquias, y si los grupos religiosos deberían extender su influencia a cuestiones públicas y políticas.

Un modelo general parece haber surgido en las sociedades europeas en las que, incluso cuando una comunidad política se ha establecido de forma legal, las iglesias son libres de desarrollar sus propios programas. Este modelo ha sido reafirmado en la Europa oriental coincidiendo con el declive de los regímenes comunistas. Otras naciones, tales como India, han hecho hincapié en la separación entre religión y política en términos formales, aunque los líderes y grupos religiosos (tanto innovadores como tradicionales) desempeñan a menudo un papel activo en la política (como ocurre también en Japón).

Donde existan estructuras de autoridades separadas, son posibles muchos tipos de relaciones. En un extremo se encuentra la subordinación de la política a la religión, como una 'hierocracia' o gobierno de los sacerdotes como guardianes de los misterios divinos. El otro extremo conlleva la subordinación de las instituciones religiosas al régimen político, como sucedió durante el cesaropapismo. Entre estos extremos se distinguen diversas clases de relaciones que abarcan desde el modelo de Iglesia erastiana, o dominada por un Estado, al orden teocrático político, donde los gobernantes están vigilados de forma muy estrecha por guardianes de la ortodoxia religiosa vigente, como es el caso de Irán desde principios de 1980.

En algunos aspectos, el modelo en las sociedades contemporáneas seculares difiere de forma significativa de los modelos de las sociedades tradicionales. Por una parte, los organismos religiosos han perdido el poder de afirmar su exclusividad sobre creencias religiosas y prácticas. Otro elemento trascendente radica en que los gobiernos se han ocupado cada vez más de aspectos de la vida individual y colectiva que se consideraban vinculados por tradición a la religión, por ejemplo el concepto de vida y muerte.

En suma, la expresión 'Iglesia y Estado' representa el marco para entender cómo la religión y el Gobierno se relacionan cuando estas instituciones reclaman una serie de asuntos en el ámbito de la propia sociedad. La esencia de esta interacción existe en la mayoría de las sociedades. Cuando las respectivas reclamaciones de religión y política no han sido enfocadas de forma clara en instituciones distintas, las pugnas religiosas y políticas no han sido menos reales. Así, la específica referencia implícita en la expresión 'Igl
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"Iglesia y Estado." Microsoft® Encarta® 2009 [DVD]. Microsoft Corporation, 2008.
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