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2013-11-08T14:15:59+01:00
En 1972 los historiadores Heraclio Bonilla y Karen Spalding, al publicar trabajo tan original ("La Independencia en el Perú: las palabras y los hechos") en la obra colectiva publicada por el Instituto de Estudios Peruanos "La independencia en el Perú" (Lima: I.E.P ediciones, 1972), que presenta trabajos tanto o más novedosos y trascendentes como los de Pierre Chaunu, Tulio Halperin Donghi, E.J. Hobsbawm y Pierre Vilar), causaron una gran conmoción en el ámbito intelectual vinculado al campo histórico al sostener como idea fundamental, herética para aquellos tiempos, que el proceso de la independencia peruana estuvo determinado íntegramente por intereses extrarregionales, básicamente por los intereses comerciales y financieros de Inglaterra, de tal manera que la independencia no podía ser analizada ni interpretada como un proceso interno, como producto de un largo proceso de lucha por ella, sino que le fue impuesta a los peruanos, quienes realmente no la deseaban, por no convenirles la separación con relación a España.Según esta interpretación los peruanos consideraban que permaneciendo fieles a España tenían mucho más que ganar, o por lo menos mucho menos que perder. Esta posición historiográfica analiza críticamente la participación de las elites criollas en el proceso de la independencia y de los inicios de la etapa republicana. En lo medular planteaba que la independencia fue concedida a los peruanos por el ejército de San Martín, es decir que tuvo que llegar desde fuera debido a que la sociedad peruana virreinal carecía de una clase dirigente consciente de sus intereses y por lo mismo incapaz de formular un proyecto político alternativo al colonial. Otra es la opinión, por ejemplo, de Jorge Bracamonte quien en su ponencia "La formación del proyecto aristocrático: Hipólito Unanue y el Perú en el ocaso colonial" (Lima, 1996), señala que la mencionada incapacidad de las elites criollas para conducir los destinos del Perú no es del todo cierta. Ocurre, nos dice J. Bracamonte, que la toma de conciencia y formulación de proyectos de estos grupos no pasaba en lo fundamental por una ruptura abierta con la metrópoli. Por el contrario, fueron los sucesos acontecidos durante la coyuntura de la independencia, los que terminaron por frustrar el paciente proyecto que los criollos venían gestando desde por lo menos las dos últimas décadas del siglo XVIII". Ya tendremos oportunidad para analizar la concepción de Bracamonte.
Tratemos, por ahora, de comprender en lo sustancial los argumentos de la posición de Bonilla, Spalding y otros. Heraclio Bonilla en el tomo VI de la Historia del Perú publicada por Mejía Baca, al igual que Virgilio Roel, reafirma sus puntos de vista de 1972, aunque como veremos presenta ya algunos matices.
Es básico saber que en aquellos tiempos (siglo XVIII y comienzos del XIX) el imperialismo inglés buscaba expandirse cada vez más, abrir nuevos mercados para su pujante industria, tan necesitada de ellos. Hobsbawm nos dirá que "Inglaterra tenía buenos motivos para favorecer la independencia de Latinoamérica y para «abrir» China". España era poseedora de un vasto imperio y por supuesto los intereses económicos ingleses tenían que ambicionar esos potenciales mercados para su producción manufacturera, cerrados en virtud del monopolio comercial, el cual, como es lógico suponer tenía que beneficiar no sólo a ciertos sectores sociales de España sino también de Hispanoamérica, especialmente de Lima, pero, como señala muy bien Nelson Manrique, "perjudicaba fuertemente a las burguesías de los dominios del interior y de la vertiente oriental del virreinato". Esto explica porqué era tan bien recibido el contrabando inglés por la costa atlántica.


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