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2012-05-22T00:37:03+02:00

El 15 de noviembre de 1315, unos 1.500 montañeros (acompañados por tropas de otros valles) repelen en Morgarten, al sur de Zúrich, a las tropas (unos 3.000 a 5.000 soldados profesionales) del duque Leopoldo I de Austria, señor de los Habsburgo.

Un factor decisivo fue que la confederación gozaba de la protección del Sacro Imperio Romano Germánico, lo que la convertía en un protectorado y en un sitio inalcanzable para cualquier atacante. Fue sólo a partir de 1313, cuando Luis IV del Sacro Imperio fue proclamado rey del Sacro Imperio Romano Germánico, que los confederados se sintieron aliviados, pues el otro candidato al cargo de rey era un Habsburgo, lo que para ellos hubiera significado el final de su alianza y la anexión de los territorios confederados a los dominios de los Habsburgo. Esta guerra fue provocada por la incursión de Schwyz en el convento de Einsiedeln, hasta ese entonces bajo protección de los Habsburgo.

Esta fue una de las pocas ocasiones en la Edad Media en que una comunidad campesina logra vencer a su soberano feudal.

Confirmada algunos años antes por el célebre pacto de alianza (Rütli), la victoria de Morgarten refuerza la cohesión de los cantones alpinos. Esta los une con los cantones de los alrededores y sobre todo con las ciudades de Zúrich, Basilea y Berna.

Estas ciudades libres, aunque burguesas, hacen frente común con los paisanos contra las pretensiones de los Habsburgo.

Esos campesinos austeros se revelan entonces como los soldados más temidos de Europa, capaces de resistir contra los potentes caballeros de la nobleza. Tan sólo unos cuantos días son suficientes para preparar decenas de miles de infantes.

Desde que reciben la consigna, los confederados dejan sin demora su granja, cogen su pica y se ponen en marcha. Al momento del ataque, mientras que los enemigos se aterrorizan por la imponencia de los picos alpinos, los confederados aprovechan para atacar a la caballería mediante las largas picas y alabardas.

¡La mejor respuesta!
2012-05-22T00:39:32+02:00

El feudalismo en Europa
Razón de ser del feudalismo en Europa

El feudalismo fue un sistema social y político que surgió a principios de la Edad Media y se desarrolló e instaló en Europa durante varios siglos (siglos altomedievales), aunque en constante evolución.

Como ocurre con todas las formas sociales nuevas, el feudalismo se desarrolló adoptando muchos aspectos del orden antiguo, ajustándolos a las necesidades presentes.
Esta nueva sociedad surgió en respuesta a presiones exteriores e interiores que actuaban sobre el sistema anterior. Los procesos de esta índole rara vez son el resultado de decisiones formales, sino la solución que los hombres dan a unas circunstancias ambientales cambiantes, lo que es particularmente cierto en el caso del feudalismo, al que dio paso el decadente sistema romano en su última fase.
En efecto, para entender la implantación del feudalismo hay que recordar la evolución de los últimos siglos del Imperio Romano. El fuerte y centralizado poder estatal del alto imperio y la sociedad urbana romana dejó paso a un progresivo debilitamiento de la autoridad y una ruralización en aumento de la población
En este contexto, la necesidad más acuciante de la sociedad tardorromana y de la de los primeros tiempos medievales era la protección: protección contra los invasores bárbaros, los bandidos y los campesinos en rebelión.
El aparato estatal, antes poderoso, era ahora demasiado débil para cumplir con sus obligaciones; en su decadencia, se veía incapaz de hacer justicia y proporcionar paz y protección a los ciudadanos.
En tales circunstancias, el pueblo se vio obligado a establecer por si mismo la forma de organizarse y generar un sistema donde la seguridad fuese el elemento prioritario.
La encomendación y el feudo
La antigua tradición romana del patrocinio era una relación entre dos hombres libres. Mediante el acto de la encomendación, un hombre libre se colocaba bajo la protección de un señor, a quien el encomendado debía servir y respetar a cambio de sostenimiento y protección. Esta situación dio lugar más tarde a contratos escritos que regulaban el grado de compromiso de ambas partes.
Ante la existencia de peligros reales, la encomendación se convirtió en feudo, o cesión. El hombre libre cedía sus tierras y su libertad a un noble con recursos para la guerra, a cambio de protección; en otras palabras cambiaba su libertad por seguridad.
Las malas comunicaciones, los caminos casi intransitables, contribuyeron al aislamiento y a la división de las comunidades medievales europeas. Aunque seguían existiendo residuos del antiguo poder central en forma de monarquías, las órdenes de los reyes no iban más allá de los muros de palacio. Europa era literalmente un conglomerado de miles de campamentos armados semiindependientes.
Estas divisiones no podían durar por tiempo indefinido. Todo el Occidente europeo vivía en una amenaza constante. Al sur, los musulmanes representaban un grave peligro; al este ocurría lo mismo con los ejércitos hunos, mongoles y eslavos. Los vikingos saqueaban prácticamente sin oposición las costas del norte en los siglos IX y X.
Ofrecer protección ante tan intensos peligros era algo que sobrepasaba la capacidad incluso de los más poderosos señores feudales. Para hacer frente a tales amenazas surgió una compleja red de relaciones, en la que todos prestaban fidelidad y obediencia a alguien más poderoso, hasta llegar al monarca, que lo hacía ante Dios.
Como contrapartida por la ayuda recibida, existía el compromiso de ofrecer un determinado número de hombres para servicios militares, siempre que se les requiriese para ello.
Ventajas y desventajas del Feudalismo
La mala prensa que en los tiempos contemporáneos ha tenido el feudalismo (paradigma de la tiranía de los poderosos sobre los humildes) se debe a que la producción agrícola fue en muchos casos insuficientes para ser útil al sistema, lo que provocó hambruna.
La rudimentaria agricultura de la época y el ineficiente sistema de cultivo no permitían la acumulación de reservas, Si las cosechas fallaban, lo que ocurría a menudo, el hambre hacía en seguida su aparición.
Y es que si bien los campesinos tenían tierras como parte del contrato feudal, su primera responsabilidad era ocuparse del ganado y de las cosechas de su señor. Si la tormenta o el fuego las amenazaban, la primera que había que poner a salvo era la del señor.
Por ello el agricultor tenía que esforzarse denodadamente en producir lo suficiente para mantener a su familia y además asegurar el alimento de la nobleza y al clero, que no eran productores. Esto no siempre se conseguía, generando la citada pobreza y hambre entre la población base de la sociedad.
Pero no hay que ver en el feudalismo medieval en Europa sólo bajo este prisma completamente negativo.
Para empezar, la sensación de pérdida de libertad era relativa pues las comunidades de la Alta Edad Media en Europa eran bastante cerradas y viajar suponía pasar de una comunidad cerrada a otra igual por unos malos caminos y en constante peligro de ataque.
Además, si el feudalismo impuso al siervo la obligación del servicio prioritario a su señor, impuso también a éste la obligación de ayudar al siervo en momentos de necesidad y de guerra, lo que era bastante frecuente.
Afortunadamente, la autoridad de la Iglesia sobre los poderes temporales y el fenómeno de las peregrinaciones permitió cierta libertad de tránsito de unas comunidades a otros con fines religiosos (por ejemplo para realizar viajes de penitencia a un monasterio o catedral donde se guardaban reliquias) y éste fue el punto de arranque de una nueva sociedad en la que el movimiento de gentes, comercio, ideas nuevas, etc. se hacía mayor.
Éste es el inicio de una sociedad que se fue renovando y modernizando (no hay que olvidar el llamado "renacimiento románico" del siglo XI) hasta alcanzar la plenitud en el siglo XII y XIII.