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2013-10-27T19:56:49+01:00
El final de la guerra puso en evidencia que el mundo había cambiado y que ese cambio también había afectado la inserción de la Argentina en él.
Por un lado, su principal socio comercial, Gran Bretaña, se encontraba quebrado y su capacidad productiva seriamente dañada, mientras que los Estados Unidos se erigían con el 60% de la capacidad industrial del globo. Peor aún, en la medida que se fue normalizando e comercio mundial algunos años más tarde, Europa ya no compró como lo hacía antes.

   Por otro lado, el gran dinamismo del sector industrial y comercial había determinado cambios profundos, por ejemplo en la utilización del factor laboral en los procesos productivos, llevando a la Argentina a una situación de virtual pleno empleo, lo que generó en consecuencia fuertes presiones salariales y de redistribución del ingreso.

   En lo político, esta situación condujo al ascenso del movimiento peronista que, a efectos de hacer efectiva esa redistribución, elevó en 250% el gasto público en tres años –llevándolo del 16 al 29% del PBI-, al tiempo que se introdujeron regulaciones en casi todos los campos de la vida económica, desde los precios hasta las relaciones laborales, y se nacionalizaron los servicios públicos, entre los que debe destacarse la muy deteriorada red de ferrocarriles, virtualmente canjeada por acreencias contra Gran Bretaña que se tornaron no compensables al declararse inconvertible la libra esterlina en 1947.

   Hacia 1948, la política expansiva de gasto público e ingreso determinaba, por ejemplo, que el consumo fuese un 50% mayor que sólo tres años antes, llevando a que los niveles de demanda fuesen muy superiores a las posibilidades reales de acceso a bienes y servicios, lo que fue motorizando una inflación creciente.
Esas políticas fueron agotando rápidamente los niveles de reservas y para 1949, cuando nuevamente comenzaron a caer los términos del intercambio, ese stock de divisas había disminuido a 150 millones de dólares.

   En 1951 y 1952, la situación financiera de la Argentina se complicó aún más como consecuencia de la histórica sequía que azotó a nuestras pampas y su correlato en pérdida de volumen de exportaciones tradicionales.
Para ese entonces, la Argentina había cambiado: el auge de la sindicalización, el incremento sin precedentes de las remuneraciones y la amplia expansión de las cajas de previsión social, el control de alquileres y precios, las vedas y racionamientos, los subsidios y la protección efectiva a la producción local, el monopolio en el comercio de cereales y oleaginosas a través del Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI), así como una política de crédito activa para la industria y el agro, la generación de nuevos impuestos redistributivos y la fuerte presencia del Estado ejerciendo funciones empresariales; eran los nuevos, y no tan nuevos, rasgos del país.