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  • Usuario de Brainly
2013-08-21T21:59:40+02:00
El viejo y mar es una novela que nos muestra a Santiago como un viejo pescador y su relación con el mar , Santiago, un viejo pescador cubano, después de ochenta y cuatro días de no capturar un pez, decide hacerse al mar. Siendo él extremadamente pobre, recibe la ayuda de Manolín, quien es su amigo y quien fuera antes su aprendiz. Años atrás, el viejo enseñó al muchacho a pescar, pero la mala suerte hizo que el padre de Manolín lo obligara a dejar a Santiago para salir con un bote que tuviera buena suerte. El muchacho, quien aún le tiene cariño al viejo, le consigue sardinas para usar como carnada, y cena, para recuperar fuerzas para salir a pescar. Antes del amanecer, sale Santiago al mar. Mientras rema, piensa el viejo en sus días de mala suerte, pero se consuela pensando que cada día es un nuevo día. Que es bueno tener suerte, pero que se necesita estar preparado. 

Al amanecer, cuando el sol está a dos horas de altura, ve el viejo un grupo de aves marinas de largas alas negras girando en el cielo sobre él. Las aves le indican la presencia de unos grandes dorados. Santiago persigue a las aves y a los peces, pero van demasiado rápido y se le escapan. El viejo sigue remando, sabe que su "pescado grande" tiene que estar en alguna parte. 

A lo largo del día, confusos pensamientos atraviesan su mente, de que se padre fue también pescador, hasta la posibilidad de que la gente lo considere loco por hablar consigo mismo. Es en medio de esos pensamientos, que siente un vivo tirón en uno de los sedales. En este punto de la historia comienza el verdadero duelo entre Santiago, el viejo, y el mar, representado por un pez, enorme e increíblemente fuerte. 

Santiago permite al pez que lo arrastre con él, es un pescador paciente y experto y sabe que el pez va a cansarse, a necesitar alimento y él va a poder acercarse lo suficiente para clavarle su arpón en el corazón. Después de cuatro horas, el viejo se pregunta cómo será este pez al que todavía no ha visto. Después de la puesta del sol y para distraerse del dolor causado por la postura forzada para sostener el sedal, vuelven sus pensamientos al béisbol, desearía tener una radio, como la gente rica, para escuchar los partidos y enterarse de los resultados. Después de una noche entera sosteniendo el sedal para evitar que el pez se escape, Santiago siente los efectos del cansancio y el dolor de la vejez. Extraña al muchacho. "Nadie debiera estar solo en su vejez. Pero es inevitable", piensa Santiago. Se alimenta de pescado crudo para recobrar la energía suficiente para la pelea que se avecina. Siente pena por este pez, tan grande y maravilloso, pero sabe que tiene que matarlo. Recuerda, con tristeza, la ocasión en la que él y el muchacho pescaron una de dos agujas que iban en pareja. El macho de esta especie siempre deja comer a la hembra primero. La hembra luchó desesperadamente por su vida. Y el macho nunca la abandonó. Tanto Santiago como Manolín sintieron tristeza, le pidieron perdón a la hembra y le abrieron el vientre con rapidez para que no sufriera. 

Empieza a ponerse el sol por segunda vez. El viejo, para darse fuerzas, recuerda un momento de su vida cuando, siendo más joven, había pulseado con "el gran negro Cienfuegos" durante todo un día y toda una noche, en Casablanca. Y había ganado. Entonces no era viejo sino "Santiago El Campeón". 

Al caer la noche, el viejo, cansado, se recuesta contra la madera gastada de la proa, decide usar los remos para sujetar el sedal y poder descansar. Vuelve a sentir pena por el gran pez que no tiene nada que comer. Santiago siente que el castigo del anzuelo es malo para el pez. Pero el castigo del hambre y el encontrarse frente a una situación que no comprende es lo peor. 

En sus sueños aparece primero una vasta mancha de marsopas en época de apareamiento, brincando en el aire. Sueña luego que está en su pueblo, en su cama. Y luego surgen en sus sueños la larga playa amarilla y sus leones en Africa "jugando como gatitos en la playa". Es feliz. 

Al amanecer del tercer día empieza el pez a dar vueltas. Es el momento que Santiago ha estado esperando. Comienza el duelo final. Durante horas el pez gira en torno a la barca. Santiago resiste, pero está agotado. Siente vahídos y mareos. Justo cuando empieza a rogar a Dios para que le ayude a resistir, siente una serie de tirones y sacudidas en el sedal que está sujetando con ambas manos. El pez está golpeando el alambre con su pico. Santiago sabe que cada golpe puede ensanchar la herida. El viejo trata de evitarle dolor al pez, a pesar de estar sufriendo él mismo dolores inenarrables. En la vuelta siguiente ve al pez, bello y tranquilo. Con su arpón en la mano, lo ve acercarse. Siente que la lucha va a vencerlo. "Me estás matando pez –pensó el viejo-. Pero tienes derecho, hermano". Jamás había visto él una cosa más grande, ni más hermosa, ni más tranquila, ni más noble. Cogiendo todo su dolor y lo que queda de su fuerza clava el arpón en el corazón del pez, que se lev