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¡La mejor respuesta!
2012-05-02T23:31:15+02:00

Un pobre ermitaño vive en plena humildad en un viejo monasterio que quedó en ruinas después de un incendio. Le acompaña un mozo que salvó de la corriente del río; lo llamó Moisés y lo crió, como si se tratara de su propio hijo.
Una noche fría, cuando más fuerte golpeaba el viento, llamaron a la puerta del monasterio. León se puso nervioso y empezó a ladrar. El hermano Martín, no sin antes haberlo pensado bien, decide abrir y dejar entrar al extraño peregrino.
El pobre caminante se encontraba enfermo de la vista y sus condiciones no eran muy buenas. El ermitaño le da algo de comida y cobijo en su humilde hogar. 
Pasan los días y Gilberto se recupera rápidamente. El desdichado peregrino que se presentó en el monasterio, resultó ser un caballero que seguía el camino que le llevaría hasta Compostela, puesto que quería llegar a la ciudad del Apóstol.
Moisés era un muchacho muy soñador y ansioso de vivir aventuras, como las que decía haber vivido Gilberto. El caballero en una ocasión le propuso que le acompañara en su largo camino hacia la ciudad Santa. Después de convencer al hermano Martín, que finalmente cedió, el joven mozo emprendió camino con su amigo el caballero. 
Una mañana, cuando Moisés y Gilberto se bañaban en el río, el caballero descubrió una extraña marca bajo la axila de su joven compañero. Se trataba de una marca de nacimiento que el caballero reconoció como la señal con la que nacían todos los herederos de la familia de Forner, su antiguo amo y señor. Tenía la forma de una espada cruzada por una rosa. 
El caballero pensó que aquel inocente muchacho debía ser de la familia de Forner. Decidió abandonar su camino hacia Compostela, para volver y hacer valer el derecho del joven como heredero de la baronía.
En su regreso, se encontraron con muchos caminantes. Unos volvían de la ciudad del Apóstol y otros se dirigían hacia ella. También se encontraron con unos juglares que seguían su misma dirección. Iban en una carreta y le ofrecieron asiento a Moisés.
Eran tres los juglares que montaban en la carreta. Luis, Pedro y el bueno de Jacques, como ellos lo llamaban. Este último, era un pobre muchacho de rostro raído, le faltaba una mano y su cara reflejaba una mueca espeluznante. Todo esto debido a que cuando era pequeño estuvo a punto de morir devorado por las ratas.
Una vez que se separaron de los juglares, Gilberto y Moisés caminaban solos por un inmenso y angustioso bosque. Llegaron a una humilde ermita y el ermitaño les dio cobijo durante la noche. Cuando estaban cenando, el caballero reconoció al ermitaño como un antiguo amigo suyo que conoció en las cruzadas. 
El ermitaño les contó la verdadera historia de aquel heredero de la baronía que desapareció misteriosamente. Todo coincidía; el extraño origen de Moisés, con la desaparición del joven Robert de Forner. 
El caballero pensó que el testimonio de su amigo le serviría como prueba de que el muchacho era un miembro de la nobleza..
Pasados unos días, llegaron a la corte donde Gilberto afirmó ante el conde de Tolosa que se había cometido una injusticia. El conde, dudoso ante aquel escándalo, decidió que Yvain de Forner y Gilberto de Montsalve debía debatirse en un duelo; el que resultara ganador sería quien implantaría su razón. Finalmente, Gilberto quedó vencedor, convirtiéndose de este modo, Moisés en el verdadero barón de Forner.
Robert de Forner, el antes llamado Moisés, mandó construir de nuevo el antiguo monasterio donde vivirían el hermano Martín y el anciano caballero, Gilberto de Montsalve.