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2012-05-02T00:08:25+02:00
Soplo Divino

Todo se parece a Dios que lo ha creado. Por eso todo tiene una paterno-maternalidad que se da a conocer, se manifiesta, se expresa de alguna manera en signos, señales, o palabras. Esas palabras comportan siempre una promesa, un designio de realización. Ambas cosas, la manifestación y la realización se hacen con cierto anhelo, con aspiración, como con el empuje de un soplo impelente, de un viento que arrastra.

Esto sucede en toda la escala de los seres, desde las más ínfimas realidades corporales hasta las más altas esferas de los coros angélicos. Está explicado en todos los capítulos de la filosofía, desde la doctrina de la materia y forma, o información, como diríamos ahora, de la filosofía aristotélica, que dice que la materia anhela la forma y ésta mantiene en el ser a la materia, hasta las descripciones del Doctor Angélico sobre la mente, inteligencia y voluntad de los ángeles.

Nos dice el principio del Génesis que el soplo de Dios hacía que se movieran las aguas recién creadas: la materia creada en el big-bang explota, porque anhela las formas de las primeras sustancias que, una vez informadas, se resisten a perder el ser, porque los anhelos provenientes de sus formas retienen a la materia en su ser.

Antonio Gaudí concibió gozoso el Templo de la Sagrada Familia, y después, anheló tanto el verlo levantado, que al fin de sus días, empeñó toda su vida en ello. Siempre hay tres cosas: teoría, práctica y anhelos; o información, materia y energía, como se dice ahora en los artículos sobre la nueva era de la física.

Las formas más sencillas simplemente se resisten a perder el ser, pero las vivas llegan a actuar para alcanzar su perfección y, por ejemplo, se alimentan para crecer y desarrollarse, y eso lo hacen también con anhelo que, en este caso, llamamos hambre. Los padres anhelan naturalmente tener hijos, y éstos quieren comer para hacerse como ellos.

La Encarnación fue por el Espíritu Santo, como decimos en el Credo, y también, el Hijo de Dios hecho hombre, a quien unge el mismo Espíritu Santo, nos dice que tiene un alimento, que no conocemos, que es hacer la voluntad del Padre. Es por el Espíritu Santo, que confiamos en la verdad de la Revelación de Dios, en lo cual consiste la Fe, y por quien confiamos en el cumplimiento de sus promesas, en lo cual consiste la Esperanza. Los sacramentos son signos de la gracia, y también actuadores efectivos de esa misma gracia, que es la inhabitación del Espíritu Santo en el alma. El Espíritu Santo siembra los signos de los tiempos en el curso de la historia, y luego los hace fructificar en profecías realizadas.

Consideremos por fin, como siempre debemos, que es por la bondad infinitamente misericordiosa de Dios, que, ya en esta vida, podamos vislumbrar algo de lo que es la intimidad de aquella vida de la Trinidad Beatísima, en la que es un mismo y único anhelo, eternamente colmado en gozo, el del Padre por engendrar al Hijo, y el del Hijo por cumplir la voluntad del Padre, porque ese Soplo Divino procede del Padre y del Hijo como de un solo principio