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2013-08-12T00:07:18+02:00
El presidente provisional Lonardi y sus consejeros se plantearon qué hacer con la yacente Eva Perón, y surgieron las discrepancias. El sector extremista exigía, lisa y llanamente, la cremación, pero la idea no se aceptó. Somos católicos -dice la mayoría- y no podemos hacer nada que lo contradiga (la incineración de cadáveres no contó con el beneplácito de la Iglesia católica hasta 1964).El profesor Ara se encontraba en el ojo del huracán y comenzaron a circular rumores sobre su detención, que estaba ya preso o que había huido del país. Para muchos era sólo un científico, pero para otros se trataba de un execrable colaborador del tirano, que debía ser privado de su título de doctor y expulsado de Argentina.Algunos llegaron a sugerir que, para acabar con el problema que nos ha creado, se le encerrase a solas con el cadáver hasta que lo transformara o lo destruyera usando sus métodos secretos. Un viejo colega catedrático le llegó a decir: ¡Qué lástima, profesor!. Le admirábamos a usted por la gran obra que realizó en la Universidad de Córdoba y por el entusiasmo con el que le recuerdan sus antiguos discípulos, y ahora tenemos que lamentar y reprocharle el que haya prostituido usted su ciencia y su arte conservando el cuerpo de aquella desdichada que tanto mal nos hizo.El asunto iba tomando malos tintes para el profesor Ara, quien voluntariamente se puso a disposición de la Comisión del Senado. Tras contestar a todas las preguntas, Ara acompañó a una numerosa comitiva hasta la sede de la CGT. Al doctor se sumaron militares de los tres ejércitos, abogados, ingenieros y altos funcionarios del Estado. Ninguno quería perderse la visión de Evita insepulta.Sin embargo, y pese a tan numeroso grupo de testigos, los rumores continuaron circulando. Unos afirmaban que sólo se salvó la cabeza del cadáver; otros, que ya antes de su fallecimiento se tenía preparada una cabeza artificial que fue pegada al resto del cuerpo; los más imaginativos aseguraban que el cadáver se puso negro y hubo que quemarlo, sustituyéndolo por una fiel reproducción.Hasta en las altas instancias militares del Gobierno se extendieron las dudas: ¿Y si lo que parece un cadáver fuera sólo una hábil imitación para embaucar a las ingenuas masas peronistas?. ¿En qué situación quedaría el Gobierno provisional si, tras laboriosas gestiones políticas y disgustos, resultase que los había sufrido por una especie de pelele relleno de no sé qué?.El Gobierno militar decide, pues, realizar una investigación minuciosa y exhaustiva, que ofrezca las pruebas de que se trata del cuerpo de Eva Perón, o, en caso contrario, ponga al descubierto una posible macabra burla perpetrada por las autoridades peronistas.El 18 de octubre de 1955, el Gobierno decidió designar a tres prestigiosos doctores para que constituidos en comisión procedan a practicar el estudio médico-legal del cuerpo embalsamado, cuyo aspecto exterior es el que corresponde al de Doña María Eva Duarte de Perón, que se encuentra en el local de la Confederación General del Trabajo, e informen si se trata o no de un cadáver, debiendo en caso afirmativo proceder a su identificación.Al día siguiente, 19 de octubre, Pedro Ara fue citado en el Decanato de la Facultad de Medicina para dar todos los detalles sobre sus intervenciones, e insistiendo en que un sencillo y honroso entierro de los mortales restos sería la solución mas acertada al problema. El presidente del comité, sin embargo, expone su plan: lo primero es comprobar que se trata de un cadáver, por lo que, si no hay más remedio, habría que practicar la autopsia.El médico aragonés protestó ante lo que consideraba un insulto personal y profesional, y lo que era peor, una autopsia destrozaría tres años de intenso cuidado y trabajo. El comité no le prometió nada, y tampoco perdió oportunidad de culpar al propio doctor de las leyendas que circulaban en torno al cuerpo de Evita por haber negado declaraciones a periodistas o no aportar documentos oficiales sobre el depósito del cuerpo. Evita, oficialmente, no estaba en ninguna parte.El comité inició sus investigaciones, y, para respiro del doctor Ara, no se realizó autopsia. La prueba más importante consistió en una cuidadosa toma de radiografías, que sirvieron para confirmar la perfección del trabajo del profesor. En ellas se apreciaban, perfectamente definidos, todos los órganos internos del cuerpo, así como el detalle de las diversas metástasis del cáncer que llevo a Eva Perón a la muerte. No se produjo ninguna mutilación de importancia.Comprobado por fin que lo que descansa en la segunda planta de la CGT es el cuerpo de Evita, el asunto pasó a instancias superiores. El teniente coronel Carlos Eugenio de Moori Koenig, jefe del Servicio de Informaciones del Ejército y hombre de confianza de la Presidencia, se hizo cargo del tema. Visitó la capilla ardiente, inspeccionó todo con la mayor atención y expresó su admiración por el trabajo del profesor Ara. Este cuerpo no debía ser enterrado -dijo-, sino depositado en un museo como obra de arte desprovista de su jerarquía humana. Un militar que acompañaba a Moori Koenig manifestó a Pedro Ara su preocupación: Doctor, esto constituye un terrible problema para el nuevo Gobierno. Nunca le podremos agradecer bastante e! secreto con que ha llevado su trabajo. El que usted haya sacrificado la popularidad nos ha evitado aglomeraciones, conflictos, y hasta desgracias que, indudablemente, hubiéramos tenido que afrontar. No puedo ni pensar en lo que puede ocurrir si transciende. ¿Qué haremos, doctor, si de pronto se nos presentan miles y miles de personas que quieren verla o llevársela?.