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2013-07-19T20:23:13+02:00
La sublevación en contra de Gadafi, aliado político y económico del bloque de izquierda, desorienta a ciertos gobiernos “revolucionarios”. Se ha producido un increíble e inquietante paralelismo. Mientras que numerosas cancillerías europeas dan muestras de gran preocupación ante la posibilidad de que la presión popular destituya al coronel Gadafi —que hasta hace poco era un «amigo íntimo» (de Silvio Berlusconi) o por lo menos, un socio económico indispensable (el 90% del petróleo libio iba rumbo a Europa)— en los gobiernos “progresistas” de la izquierda latinoamericana existe otra clase de aprehensión: la de presenciar la caída de… un compañero revolucionario. En realidad, la reacción europea no es demasiado sorprendente. La Europa capitalista prefiere seguir contando con un socio fiable, aunque éste haya ocupado durante mucho tiempo el primer lugar en la lista de los terroristas más intratables del planeta y aunque hoy en día dé órdenes de disparar sobre su propio pueblo. Tal es el cinismo de la realpolitik.

Debilidad ideológica
El caso de América latina es más enigmático. Que algunos lloren la caída del “guía espiritual de la revolución”, en Venezuela y en Bolivia, pasando por Cuba, Ecuador y Nicaragua, a pesar de la matanza del pueblo libio, de la cual el “guía” se declara culpable, denota una lamentable interpretación del curso de la historia y una ceguera a la que la izquierda ha estado demasiado acostumbrada en el siglo pasado. Desgraciadamente, detrás de la fachada discursiva del «socialismo del siglo XXI» se perfila otra realidad: la falta de una verdadera orientación ideológica, de Caracas a La Paz. ¿Cómo es posible que el dictador sanguinario libio sea considerado como un “hermano revolucionario”? ¿Acaso se pueden justificar todas sus malversaciones por su rivalidad con el imperialismo estadounidense? ¿Cómo han podido equivocarse hasta tal punto de revolución? Para el argentino Pablo Stefanoni, director de la edición boliviana de Le Monde Diplomatique, y coautor, con el politólogo francés Hervé do Alto, de Seremos millones, Evo Morales y la izquierda en el poder en Bolivia, la respuesta es simple: «Fue tomado por sorpresa el nuevo socialismo nacionalista latinoamericano, que quedó apabullado por los acontecimientos, sin recursos políticos ni ideológicos para decodificar las claves de lo que sucede en el mundo árabe».
En América latina, en Venezuela, Cuba, Ecuador, Bolivia o Nicaragua, Gadafi todavía sigue siendo considerado como un “combatiente revolucionario”, a pesar de su histórico viraje y su idilio con Occidente, con Washington y con Roma incluyendo a Londres y a París. Hugo Chávez no ocultó el hecho: hace unas semanas, para entender la revolución que se está gestando en los países árabes, se habría puesto en contacto directo con… ¡Trípoli! En cuanto al ministro boliviano de Relaciones Exteriores, David Choquehuanca, éste —como muchos otros dirigentes latinoamericanos— reconoció su fascinación por el Libro verde del líder libio.

«Apoyar a los pueblos »
De manera más directa, el presidente nicaragüense Daniel Ortega declaró abiertamente su apoyo al régimen sanguinario, considerándolo como víctima de «una “arremetida mediática feroz” por su petróleo». Esta información fue ampliamente difundida por Telesur, la cadena de información continental con sede en Caracas. El periódico cubano Granma tituló «Denuncia Gadafi complot foráneo contra Libia…». Sin embargo, no se hizo alusión alguna a la sangrienta represión. En Bolivia, Evo Morales se mostró más prudente y exhortó al coronel Gadafi y al pueblo libio «a realizar todos los esfuerzos necesarios para que a través de medios pacíficos se pueda resolver la crisis política desatada».
Afortunadamente, los gobiernos no tienen el monopolio del socialismo latinoamericano. En Venezuela, el grupo Marea socialista (corriente del Partido socialista de Hugo Chávez) anticipó la victoria del pueblo libio y denunció «el horror de que son capaces los dictadores, sumisos o no al imperialismo». Los militantes venezolanos consideran que los acontecimientos indican que se trata de un levantamiento popular y que «lo que ocurre es parte […] del terremoto democrático que recorre el mundo árabe […] que lucha por conquistar libertad y democracia».