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2013-07-14T23:49:06+02:00
Es un término un poco confuso. Más o menos, todos los nuevos tratamientos contra el cáncer, siempre que no sean quimioterapia, entrarían dentro del cajón de sastre de la terapia biológica.El descubrimiento de fármacos quimioterápicos ha sido siempre, con muy pocas excepciones, un proceso de ensayo y error. Las industrias farmacéuticas disponían de verdaderos 'cazadores' de sustancias químicas que proporcionaban cada año millares de nuevos compuestos.Algunos se sintetizaban en el laboratorio, otros se obtenían de la naturaleza, desde plantas de selvas tropicales hasta animales del fondo del mar. Con esas sustancias se trataban células cancerosas en probetas y algunas pocas parecían detener su crecimiento.¡Bingo! Cada una de esos candidatos a medicamento se estudiaba más profundamente, en el laboratorio, con animales, con personas al final. De cada varios miles de sustancias químicas que se ensayaban, al cabo de diez o quince años de estudio y desarrollo, se conseguían uno o dos quimioterápicos útiles que llegaban al mercado.Aunque de este modo es como ha avanzado la oncología hasta llegar al siglo XXI, siempre nos hemos dado cuenta de que se trataba de un método lento, caro, poco rentable y escasamente científico. A lo largo de la segunda mitad del siglo XX se ha avanzado espectacularmente en el conocimiento de los mecanismos íntimos que transforman una célula normal en otra cancerosa.Actualmente, el método de desarrollo de fármacos anticancerosos está cambiando radicalmente. En lugar de ensayar miles de sustancias 'a bulto', se escoge un punto flaco de los mecanismos del cáncer y se diseña un producto químico que ataque justamente por ahí. De este modo se encuentran fármacos más rápidamente, a un menor coste y, es de esperar, con mayor eficacia y menos toxicidad.Todos estos productos son los que se engloban bajo el término de terapia biológica. A veces también se los llama tratamientos moleculares. Ya están en el mercado y se usan todos los días para el tratamiento del cáncer.Algunos intentan despertar a nuestro sistema inmunitario contra las células cancerosas o cierran las puertas moleculares por las que éstas se proveen de nutrientes esenciales. Otros activan genes que protegen contra el cáncer o desactivan otros que lo favorecen. También los hay que estorban la formación de nuevos vasos sanguíneos, necesarios para llevar sangre fresca a un cáncer en crecimiento, o que producen interferencias en los mecanismos de comunicación de los genes de las células cancerosas con el exterior.Algunas voces críticas señalan que todavía no hemos visto la revolución en el tratamiento del cáncer que estos nuevos medicamentos prometían. Otros investigadores señalan avances importantísimos obtenidos sólo gracias a estos nuevos tratamientos biológicos (como en el tratamiento de la leucemia crónica, por ejemplo) y auguran una nueva era en el tratamiento del cáncer, de la que apenas estamos dando los primeros pasos.