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2013-05-09T13:21:38+02:00
Las ideas románticas tienen como padres a los teóricos de la Revolución Francesa: Montesquieu, Voltaire, Rousseau, y sirvieron para alimentar el ideario de quienes acabarían poniendo fin al llamado Antiguo Régimen. La toma de la prisión de la Bastilla (París), el 14 de julio de 1789, marca el inicio de un período en el que el pueblo, por primera vez, se hace con una parcela en el poder reservada hasta el momento al clero y la nobleza.

Además, el pensamiento revolucionario dio paso a un sentimiento de reafirmación de los diferentes pueblos y naciones durante el siglo XIX. Sólo así podemos entender la aparición de los nacionalismos periféricos, la expansión napoleónica, la independencia de los territorios de América Latina, la redacción de la primera Constitución española en Cádiz (1812) o la unificación de Italia.

No obstante, esta reivindicación no es sólo de índole política. Es por ello que algunos Estados que antes habían estado relegados del mundo del arte comienzan a irrumpir en él (por ejemplo, Polonia, de la mano del música F. Chopin). También surge con fuerza la necesidad de recuperar y rendirse ante el esplendor de tiempos pasados: de ahí la restauración de Carcasona o el auge de la arqueología.

Pero está exaltación patriótica adquiere una dimensión mucho más subjetiva: es el ser humano individual quien empieza a reivindicar su presencia en el mundo, poniendo el énfasis en sus propios sentimientos. La literatura deja estupendos testimonios al respecto, como el francés Victor Hugo o Gustavo Adolfo Bécquer. En la pintura, destacan nombres como Turner o Constable.  
2013-05-09T16:27:39+02:00

Las ideas románticas tienen como padres a los teóricos de la Revolución Francesa: Montesquieu, Voltaire, Rousseau, y sirvieron para alimentar el ideario de quienes acabarían poniendo fin al llamado Antiguo Régimen. La toma de la prisión de la Bastilla (París), el 14 de julio de 1789, marca el inicio de un período en el que el pueblo, por primera vez, se hace con una parcela en el poder reservada hasta el momento al clero y la nobleza.

Además, el pensamiento revolucionario dio paso a un sentimiento de reafirmación de los diferentes pueblos y naciones durante el siglo XIX. Sólo así podemos entender la aparición de los nacionalismos periféricos, la expansión napoleónica, la independencia de los territorios de América Latina, la redacción de la primera Constitución española en Cádiz (1812) o la unificación de Italia.

No obstante, esta reivindicación no es sólo de índole política. Es por ello que algunos Estados que antes habían estado relegados del mundo del arte comienzan a irrumpir en él (por ejemplo, Polonia, de la mano del música F. Chopin). También surge con fuerza la necesidad de recuperar y rendirse ante el esplendor de tiempos pasados: de ahí la restauración de Carcasona o el auge de la arqueología.

Pero está exaltación patriótica adquiere una dimensión mucho más subjetiva: es el ser humano individual quien empieza a reivindicar su presencia en el mundo, poniendo el énfasis en sus propios sentimientos. La literatura deja estupendos testimonios al respecto, como el francés Victor Hugo o Gustavo Adolfo Bécquer. En la pintura, destacan nombres como Turner o Constable.