Respuestas

2013-05-04T19:56:28+02:00



LA CASA ABANDONADA


Entré al atardecer, con sol perdido

El patio lloraba una estatua vacía.
Profundos caballos de polvo viajaban
hacia los lugares más vagos del moho.

Un hoyo remoto pasaba a la nada.

El vacío entraba con sus muchedumbres
y con sus inmensas campanas ya mudas.

Oí un paso dado en otra centuria
y vi en una cisterna el muñón de mi alma.

Un viento blanquísimo dormía doblado
en un seco lienzo de aves olvidadas.

Un reloj yacía en ácidos profundos
y el peso de un pájaro recorría el muro.

Una niña muerta soñaba en un cuento
dicho desde una alta ventana de niebla.

Hacia atrás viajaba un abecedario,
los días antiguos eran los primeros
por una pequeña compuerta de naipes...

(En un muro blanco, hallé esta leyenda:
"El 7 de marzo murió María Eugenia").

Arriba en la tarde flotaban obispos
con lámparas llenas de azufre y de trigo.
Arriba en la tarde.

Y no era yo mismo el que había vuelto.
Era un extranjero al que a veces lloro

y en el que ya he muerto
2013-05-04T20:13:04+02:00
LA CASA ABANDONADA


Entré al atardecer, con sol perdido

El patio lloraba una estatua vacía.
Profundos caballos de polvo viajaban
hacia los lugares más vagos del moho.

Un hoyo remoto pasaba a la nada.

El vacío entraba con sus muchedumbres
y con sus inmensas campanas ya mudas.

Oí un paso dado en otra centuria
y vi en una cisterna el muñón de mi alma.

Un viento blanquísimo dormía doblado
en un seco lienzo de aves olvidadas.

Un reloj yacía en ácidos profundos
y el peso de un pájaro recorría el muro.

Una niña muerta soñaba en un cuento
dicho desde una alta ventana de niebla.

Hacia atrás viajaba un abecedario,
los días antiguos eran los primeros
por una pequeña compuerta de naipes...

(En un muro blanco, hallé esta leyenda:
"El 7 de marzo murió María Eugenia").

Arriba en la tarde flotaban obispos
con lámparas llenas de azufre y de trigo.
Arriba en la tarde.

Y no era yo mismo el que había vuelto.
Era un extranjero al que a veces lloro

y en el que ya he muerto       ***
CÉSAR DÁVILA ANDRADE
(Ecuador, 1918-1967)
Poeta, narrador y ensayista ecuatoriano nacido en Cuenca. De familia modesta, tuvo que abandonar sus estudios para trabajar en diversas ocupaciones. Su obra neorromántica y surrealista, alcanzó su plenitud al final de los años cuarenta cuando publica sus libros de poemas, Oda al Arquitecto (1946) y Espacio me has vencido (1947); y más tarde, Catedral salvaje (1951), Boletín y elegía de las mitas (1956), Arco de instantes (1959), En un lugar no identificado (1963), Conexiones de tierra (1964) y La corteza embrujada (1966). Entre sus cuentos destacamos, Abandonados en la tierra (1952), Trece relatos (1955) y Cabeza de gallo (1966). Formó parte del grupo literario Madrugada y a partir de 1951 vivió en Venezuela, donde ejerció como periodista y reafirmó su carrera como escritor y poeta. Se suicida en Caracas en 1967. Dávila Andrade fue un nombre fundamental en el proceso evolutivo y en la madurez de la lírica ecuatoriana de la segunda mitad del siglo XX.