Respuestas

2013-04-07T20:29:35+02:00

Las vacaciones de Navidad habían acabado, pero lejos de encontrarse tristes por volver a la escuela, aquel día los niños llegaban felices y con una gran sonrisa que anticipaba el deseo de contar lo que los Reyes Magos les habían traído.

Sin que notaran nada, su Seño Lola a la vez que les daba la bienvenida con un abrazo y un beso a cada uno de ellos, les fue metiendo disimuladamente un pequeño papelito en su bolsillo.

Cuando ya todos se habían sentado en su sitio en espera de la gran pregunta, la Seño Lola les fue pidiendo que contaran cómo se lo habían pasado y los regalos que los Reyes les habían dejado unos días antes. El primero en hablar fue Juan, al que casi le faltaba el aire de lo rápido que iba enumerando las cosas que le habían traído; luego le tocó el turno a María que -al igual que Juan-  parecía que no iba a acabar nunca de nombrar todo, y después Jaime, el cual acabó pronto, ya que Juan le interrumpió diciendo dos cosas más que se le había olvidado antes. Y así, uno detrás de otro, contaron lo que los Reyes les trajeron.

Algunos con los ojos y la boca muy abierta escuchaban los maravillosos y divertidos juguetes que los Reyes les habían traído a sus compañeros y en su cabeza se preguntaban por qué con ellos no habían sido tan generosos como con sus amigos de clase. ¿Acaso no se habían portado lo suficientemente bien?, ¿es que se habían acabado los regalos y a ellos les tocó la peor parte?, o ¿quizás era que se habían olvidado de ellos?.

En eso estaban cuando la Seño les dijo que los Reyes, antes de regresar a Oriente, habían dejado un mensaje muy importante escrito en un papel sobre su mesa y que si querían lo leería en voz alta. Todos gritaron con un ¡Síííí!  que resonó en todo la clase. El mensaje decía:  “Queridos niños y niñas, no hemos podido dejaros a todos lo que habíais pedido, porque sois muchos y la noche es muy corta para poder repartir todo, pero sí os hemos dejado un regalo muy especial en los bolsillos de vuestra ropa. Buscadlo y leedlo, porque de él dependerá que el año que viene os volvamos a visitar. Os queremos a todos mucho. SS. MM. Los Reyes Magos de Oriente”.

Los niños corrieron a revisar sus bolsillos y en ellos encontraron otro mensaje que decía: “Todo lo que te hemos traído no sirve de nada y no es divertido si…: te lo quedas sólo para ti, si  no lo compartes y si no lo disfrutas con tus amigos y compañeros. Así que acuérdate de invitarlos para jugar y divertiros  todos juntos”.

2013-04-07T20:30:13+02:00

Ya era miércoles, desde el domingo estábamos con mis padres en una casita hermosa en la playa, a una cuadra del mar. La abuela Cora estaba con nosotros. Ella vive en su apartamento, pero todos los eneros, de los 12 que ya tengo, se va de vacaciones con nosotros. Es lindo que la abuela nos acompañe, principalmente porque a la noche es ella la que cocina esas riquísimas pizas o tortas de fiambre, que con mi hermana Sara devoramos a justo.

Estaba en la baranda poniéndome al día con mis amigos por chat, ¡Cuántas cosas pasaron desde el viernes! El olorcito de la torta en el horno me desconcentraba, cuando algo me desoriento…, mi cabeza se sacudió fuertemente y todo voló. Después entendí que el que volé fui yo, porque lo que me saco de la silla fue un tremendo pelotazo.

Me levante enfurecido y grite:

_ ¡Saraaa! Mi madre respondió desde la hamaca:

_Está en el baño, Manuel.

Miré a todos lados, nada había allí, nadie andaba por allí. Lo llamé a Jopo, el perro, lo mire, imposible que seas vos, pensé. Regrese a mi importante tarea de ponerme al día con la barra. Dejé la pelota en la silla esperando que alguien viniera por ella. De a ratitos la miraba, como preguntándole, ¿De dónde saliste vos? No tuve que esperar mucho para descubrir el misterio. No habían pasado cinco minutos cuando escuché la vos de la abuela:

-Manuel, ¿Encontraste una pelota en el patio?

- Voy – grité, al tiempo que la tomaba y caminaba al frente arrastrando las chinelas. Ahí estaba, un señor enorme con cara muy seria me miraba fijamente, detrás de él se asomó tímida mente Juan, mi compañero de nivel 4. ¡Cuántos años que no lo veía, más de 5 años! Desde aquella fiesta de fin de cursos que bailamos disfrazados duendes.

Estaba muy gordo y casi ni me miró. La abuela hablaba sin parar, mamá acotaba alguna palabra mientras papá entablaba una conversación coherente con Joaquín, el padre de Juan. Tímidamente le alcancé la pelota y él sin mencionar palabra la tomó. Después de unos minutos la reunión se terminó, Juan y su papá se alejaron hacia el portón despidiéndose de todos. Me quede muy triste, lo miraba y no podía creer, antes éramos como hermanos.

De repente Juan se da la vuelta y me dice: Manuel

- ¿A qué hora vas a la playa mañana? ¿Vamos juntos? -Si vamos… ¿Queres quedarte a comer la torta de la abuela ahora?

Juan se quedó a comer, y ahí si, empezaron las vacaciones para mí.

Fin