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  • Usuario de Brainly
2013-02-13T02:20:12+01:00

Pobres princesas, Irene Vasco

Cenicienta y el Príncipe se casaron y fueron felices para siempre.
Cenicienta lavaba, planchaba, cosía y cocinaba a la perfección. El Príncipe
bailaba y bailaba día y noche.
¿Cenicienta, vamos al País Azul. La hija del rey cumple quince años y
somos sus invitados de honor. ¿Por qué no aprovechas para usar las
zapatillas de cristal? Se te ven tan bonitas.
¿Ay, Príncipe, le prometí al cocinero real que le enseñaría mi receta de
pastel de chocolate. Otra vez será.
¿Cenicienta, estamos invitados al baile de disfraces del príncipe
Sebastián. Deberías usar el vestido que te regaló el hada madrina. Es
que te ves preciosa.
¿Ay, no puedo salir esta noche. Tengo mucha ropa por remendar. Otra
vez será.
Cenicienta no salía de la cocina, no usaba zapatillas de cristal, no se ponía
bellos vestidos, en fin, no se volvió a ver por ningún salón. Cuentan que
engordó tanto con las famosas recetas, que tuvo que regalar los vestidos de
ojalillo y organdí que le había dado el hada madrina.
Sus hermanas, mientras tanto, se esmeraban por lucir hermosas. Ensayaban
peinados de dos pisos, iban al sastre para que les fabricara preciosos lunares
de terciopelo, se ajustaban las cinturas con lazos de colores, encargaban
esencias y perfumes y aprendían los ritmos de moda.
Desde hace tiempo, son ellas quienes acompañan al Príncipe a todas partes.
Dicen que se han puesto tan bonitas que hasta pueden lucir las zapatillas de
cristal. El Príncipe no se cansa de admirarlas y en la noche, al regresar de las
fiestas, repite:
? ¡Cenicienta, eres fantástica! ¡Nunca imaginé que esas hermanas de
quienes hablabas tan mal pudieran actuar como verdaderas princesas!
Cenicienta sonríe entredormida, se vuelve de lado y sigue soñando feliz entre
sus sábanas de encaje.

2013-02-13T02:20:18+01:00

SABER PERDER:

 

Dos murciélagos se preparan para una gran competición de vuelo en la que participan todos los murciélagos. El día del concurso, la pequeña murciélaga vuela de forma increíble, mereciendo claramente el galardón. El otro, aunque está muy decepcionado por no haber ganado, corre a felicitarle y darle la enhorabuena, mientras el resto la critica o se marcha enfadado. Agradecida, la campeona decide compartir el premio, y el pequeño murciégalo, no sólo obtuvo el premio del concurso, sino el de ganar una amiga, y todo ello sólo por saber perder con deportividad.