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2012-12-03T19:51:36+01:00

 

 manejaba al estilo clásico, pretendió salvar la memoria de lo que había sido la grandeza del pueblo y la familia de su madre.

Nacido en el Cuzco poco después de la conquista (1539), a los veintiún años salió del Perú, cuando dos casamientos habían destruido el hogar común de sus padres. Por Lisboa y Badajoz llegó hasta Montilla, residencia de su tío, el viejo capitán Alonso de Vargas. Usaba todavía el nombre de Gómez Suárez de Figueroa, en memoria de uno de sus abuelos, hasta que en 1563, adoptó el de su padre, Garcilaso de la Vega. Fracasado su intento de regreso al Perú, se radica definitivamente en la Península. Salvo la campaña contra los moriscos de las Alpujarras y alguna que otra ausencia esporádicas vivirá en Montilla durante treinta años.

Alonso de Vargas, que falleció en 1570, instituye heredero de la mitad de sus bienes a su sobrino, pero con usufructo vitalicio para su viuda. Hasta la muerte de ésta, son quince años de mucha estrechez para Garcilaso. Entregado a la lectura para ocupar su tiempo, sintió despertársele una vocación literaria y humanista, que debía acompañarlo en el curso de su larga vida. Sus últimos veinticinco años los vivió en Córdoba, vistiendo el hábito eclesiástico. Diego de Vargas, hijo suyo y de doña Beatriz de la Vega, cuidó de que fuera enterrado en una capilla de la Catedral, donde permanecen sus restos.

El latín y el italiano modelaron su estilo al igual que el de los otros escritores castellanos sus contemporáneos. Una traducción, del italiano, de los Diálogos de Amor (1586) del platónico León Hebreo, es testimonio irrecusable de las preferencias filosóficas del Inca; en la Genealogía deGarci-Pérez de Vargas (1596), a cuya familia pertenece por su padre, nos da interesantes noticias autobiográficas; su relación de la conquista de La Florida (1605) por el adelantado Fernando de Soto, con resonancias de Boyardo, de Ariosto y de Ercilla, es como el llamado del Nuevo Mundo a su hijo, prófugo en el Antiguo; pero, en fin, son los Comentarios Reales de los Incas (1609) y la Conquista del Perú (1613) las obras que afianzan su renombre así en la historia de las letras castellanas como en las fuentes de los estudios americanistas. Con ellas no pretende sino salvar recuerdos, apuntalar ruinas. "Yo, incitado del deseo de la conservación de las antiguallas de mi patria, esas pocas que han quedado, porque no se pierdan del todo, me dispuse al trabajo tan excesivo como hasta aquí me ha sido y delante me ha de ser, al escribir su antigua república hasta acabarla."

Para el mestizo Garcilaso, el Imperio Incaico era una página vuelta definitivamente en el libro de la Historia. Sin embargo, a raíz del alzamiento de Túpac Amaru, en 1782, una Real cédula de Carlos III ordena a los virreyes de Lima y de Buenos Aires recoger todos los ejemplares que pudieran hallar de los Comentarios del Inca, porque "aprendían en ellos los naturales muchas cosas inconvenientes". Quedó prohibido el libro en América y registrado en el índice expurgatorio... pero en la metrópoli circulaba libremente y se reimprimía (Madrid, 1801). Obra juzgada peligrosa por el régimen colonial, era lógico que mereciera todas las simpatías de los gobiernos independientes. El libertador San Martín proyectó en 1814 una edición que debía imprimirse en Londres. Los azares de la guerra lo impidieron. Los Comentarios y la Conquista no se publicaron en América hasta 1918.

Mucho se ha discutido el valor histórico, documental, de la obra de Garcilaso. Desde quienes la consideran trasunto fiel de la civilización incaica, hasta aquellos otros que la motejan de fantasía apolegética, la escala de juicios registra todos los matices.

La verdad subjetiva, es decir, el deseo de veracidad, es innegable. El Inca mismo refiere cómo buscó, acucioso, las fuentes de información y certifica a menudo de su recuerdo personal, de su visión directa. Sinceramente reconoce las fallas que puede tener su memoria. "...Mis parientes, los indios y mestizos del Cuzco y de todo el Perú, serán jueces desta mi ignorancia, y de otras muchas que hallarán en esta mi obra; perdónenmelas, pues soy suyo, y que sólo por servirles tomé un trabajo tan inconfortable como esto lo es para mis pocas fuerzas, sin ninguna esperanza de galardón suyo ni ajeno." Si la tradición recibida de los viejos incas y de su propía madre tenía más de la epopeya que de la historia, no podemos reprochárselo. Si describió una sociedad ideal más que una sociedad real, no olvidemos que es común achaque juzgar de un pueblo por su constitución y por sus leyes. Si en la vejez idealizó memorias de infancia y de primera juventud; si, cercano ya a la tumba, pensó en su cuna y con ternura filial evocaba la tierra que lo vio nacer, pues nade más humano. Aquella tierra lejana, la suya, era la tierra de su madre, su matria, para hablar justamente, no su patria como al uso la llamaba. Garcilaso acometió la obra de los Comentarios por razones patrióticas, o mejor, de solidaridad étnica, "para dar a conocer al mundo nuestra patria, gente y nación".