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2012-12-02T17:52:19+01:00

No es solo una cuestión de táctica lo que diferencia la revolución del movimiento político constitucional dirigido a modificar radicalmente las bases y la organización del Estado. La primera tiene un ciclo breve de peligro, cuando la fuerza revolucionaria, doblada por la sorpresa, se mide y choca contra la resistencia de la tradición. El segundo esta sujeto a larga incertidumbre y ofrece a la reacción mejores posiciones para sostener indecisa la batalla. La revolución popular, la guerra intestina, los golpes de Estado, no requieren siempre un programa sino un momento histórico favorable. La evolución de un partido civil desde la oposición hasta el poder exige el desarrollo de ciertas virtudes colectivas poco espontaneas: abnegación, paciencia, disciplina nerviosa, espíritu de continuidad y distribución adecuada de la energía en las sucesivas etapas de una conquista gradual. Sus directores tienen que privarse del uso de las armas de lucha que no se ajustan al temperamento mixto de combate y gobierno que les aconsejan o imponen las circunstancias. Su misión es una especie de magisterio de mesas, desprovista de brillantes episodios y de remates decisivos. Cuando todavía no ha culminado una jornada, ya se inicia la otra, no menos ardua e importante. El pueblo que los secunda no goza el espectáculo de la victoria total y tiene tiempo de olvidar los estímulos agudos que lo pusieron en marcha, antes de apreciar las ventajas alcanzadas.

En Colombia estamos viviendo hace seis años un proceso político que escape a la normalidad. Quienes lo examinan con espíritu crítico suelen perder de vista su carácter de excepción en nuestra historia. Los grandes cambios en la organización nacional han sido siempre producto de la violencia. Una honda perturbación del orden los ha acompañado, y, paradojalmente, los ha facilitado. Después de las grandes crisis, el animo ha estado dispuesto a mirar con simpatía las transformaciones mas arbitrarias. Pero partir de un orden constitucional para crear otro, sin que en ningún momento se eche de menos el antiguo ni se abandone la aspiración de llegar al nuevo, es, ciertamente, una empresa superior a las condiciones de los dirigentes colombianos, y no hubiera podido llevarse adelante sin la suprema y constante cooperación de la inteligencia popular.

Desde 1930 se ha conservado inalterable la paz, y no por la preside de las armas o por la represión política de los vencedores sobre los vencidos. Se reseña breve y fácilmente un hecho que, sin embargo, no es la regla de conducta de nuestra república. Si se tratara de un cambio de nómina en la dirección de los negocios públicos, de la sola sustitución de un partido por otro, ya habría suficiente motivo para cualquiera de las encarnizadas revueltas que han jalonado nuestra existencia con dolor y miserias sin cuento. Pero es que en cada uno de los temas de nuestro programa hay fuerza explosiva suficiente para dar pábulo a una contienda armada. Todos fueron bandera de nuestras luchas civiles, y su discusión nos llevó siempre a los mas rudos y lamentables extremos. La situación que se consolidó en medio siglo de dominación conservadora tenia una base doctrinaria y el cimiento de tres derrotas cruentas de sus adversarios. Los privilegios que han comenzado a desaparecer no habían sido logrados por el peso de una tradición remotísima, sino por la victoria de las armas. El acceso del liberalismo al poder, aunque las aspiraciones del partido estuviesen limitadas, y corregidas sus exageraciones por una fuerte experiencia de gobierno y oposición, era una amenaza de revisión de los fundamentos del régimen conservador, y todos los intereses económicos, políticos y sociales vinculados a el debieron sentirla. No es, pues, un acontecimiento ordinario que cuando se ven en movimiento la mayor parte de las reivindicaciones que el pueblo encomendó al liberalismo y principia a arraigar una nueva situación que las hará definitivas, podamos decir, señores miembros del congreso, que estamos cumpliendo el compromiso de hacer una revolución pacífica, sin provocar ninguna de las conmociones en que Colombia quemó periódicamente sus reservas humanas Y económicas.

Lord Beaconsfield, con la autoridad de haber dirigido por mas de treinta años la política inglesa, decía: "El deber del hombre de Estado es efectuar por medios pacíficos y constitucionales todo lo que haría una revolución por medios violentos". Tal criterio de gobierno, que las gentes conservadoras suelen mirar sin mucho horror, tiene, en su aplicación, un interrogante eterno. Que haría una revolución por medios violentos? En nuestro caso, habría procedido una revolución liberal triunfante con la moderación y la gravedad de nuestro movimiento Pacifico ?