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2012-11-27T14:27:49+01:00

La Primera Guerra Mundial afectó profundamente a la economía argentina, pues hizo que declinara el flujo de capital, mano de obra y manufacturas antes proveniente de Europa. El valor total de las importaciones argentinas disminuyó entre 40 y 50% respecto del nivel anterior a 1914. (1) Esa declinación se debió a la reasignación de recursos en los países europeos para la producción de equipamiento bélico y a las dificultades de transporte producidas por la guerra. No todas las importaciones, sin embargo, declinaron de la misma manera: maquinarias para la industria, equipo ferroviario y materiales para la construcción fueron las más afectadas. La declinación de las importaciones favoreció a las industrias argentinas que utilizaban materias primas nacionales, pero su expansión fue lenta debido a la escasez de mano de obra, a la dificultad para importar maquinarias y a la suba de los precios de los combustibles importados que suplían la mayor parte de la energía consumida en la Argentina.

2012-11-27T19:25:40+01:00


La Primera Guerra Mundial afectó profundamente a la economía argentina, pues hizo que declinara el flujo de capital, mano de obra y manufacturas antes proveniente de Europa. El valor total de las importaciones argentinas disminuyó entre 40 y 50% respecto del nivel anterior a 1914. (1) Esa declinación se debió a la reasignación de recursos en los países europeos para la producción de equipamiento bélico y a las dificultades de transporte producidas por la guerra. No todas las importaciones, sin embargo, declinaron de la misma manera: maquinarias para la industria, equipo ferroviario y materiales para la construcción fueron las más afectadas. La declinación de las importaciones favoreció a las industrias argentinas que utilizaban materias primas nacionales, pero su expansión fue lenta debido a la escasez de mano de obra, a la dificultad para importar maquinarias y a la suba de los precios de los combustibles importados que suplían la mayor parte de la energía consumida en la Argentina. 
Las relaciones económicas anglo-argentinas se vieron especialmente afectadas por las demandas impuestas a Gran Bretaña por el esfuerzo bélico. El Reino Unido había sido hasta la guerra el principal proveedor de manufacturas de la Argentina, pero fue reemplazado en tal posición por los Estados Unidos. En 1915 las exportaciones norteamericanas a la Argentina casi se duplicaron respecto del año anterior mientras las británicas cayeron cerca de un tercio, y un año más tarde, en 1916, las manufacturas norteamericanas ocuparon la primera posición en las importaciones argentinas, permaneciendo en ella hasta 1921 y desde 1925 hasta 1931. (2) 
En cuanto al comercio de granos, puede decirse que la Primera Guerra Mundial afectó negativamente ese rubro de la balanza comercial argentina debido, especialmente, a la escasez de bodegas para el transporte ultramarino. El tonelaje total de buques extranjeros que entraron y salieron de puertos argentinos cayó a casi la mitad entre 1913 y 1918. Durante la guerra, las exportaciones argentinas de granos crecieron en valor, por el aumento de la demanda europea, pero no en volumen, por la recurrencia de las malas cosechas, principalmente de maíz, a causa de malas condiciones climáticas. Las exportaciones de trigo sufrieron menos por ese motivo y en 1918 se vieron favorecidas porque Rusia, como consecuencia de la revolución de fines del año anterior, dejó de exportarlo. Aunque las exportaciones de granos se recuperaron gradualmente, sólo en 1918 su valor superó significativamente al de 1913. (3) 
Las exportaciones de granos de la Argentina a Gran Bretaña fueron también afectadas de otras maneras por la guerra. Desde el comienzo de ésta hasta 1916, dos aspectos de la política cerealera británica tuvieron consecuencias negativas para la Argentina. Uno fue la oposición al almacenamiento ilimitado de las existencias de granos que entorpeciese el normal curso del comercio. El gobierno del Reino Unido se opuso al almacenamiento de las existencias de granos cuando éste alcanzaba una extensión capaz de entorpecer el normal curso del comercio. Los británicos no estaban dispuestos a dejar amontonar las existencias de granos del Río de la Plata. (4) El segundo aspecto de la política cerealera británica consistió en la concesión de preferencias a los dominios para el abastecimiento de cereales a Gran Bretaña. 
No obstante, en 1916 se llevó a cabo un intento de incrementar la importación de granos de la Argentina, acordándose entre ambos gobiernos la formación de un sindicato privado de bancos y empresas exportadoras de cereales supervisado por el gobierno inglés, que tendría el monopolio de las ventas al Reino Unido. La Argentina vendería a crédito a Gran Bretaña, que pagaría al finalizar la guerra. El intento fracasó, sin embargo, porque tras la llegada de Yrigoyen a la presidencia, en octubre, las tratativas se paralizaron debido a un desacuerdo de las nuevas autoridades respecto del crédito. (5) 
A partir de marzo de 1916, el gobierno británico estableció listas negras para excluir a las compañías cerealeras alemanas del mercado británico. La política tuvo éxito y las compañías excluidas debieron buscar la manera de sobrevivir: Bunge y Born se dedicó al abastecimiento del mercado interno y del mercado brasileño; Weil Hermanos suspendió sus actividades y se dedicó a la compra de cédulas argentinas provenientes de accionistas en Alemania, y Hardy y Mühlenkamp reemplazaron a su socio alemán por un socio belga, Louis de Ridder. (6) 
Obviamente, el gobierno británico no estaba solamente preocupado por lograr un adecuado abastecimiento de cereales para Gran Bretaña, sino también por impedir que Alemania lo obtuviera. Los embarques de granos argentinos a países neutrales, como Holanda, Dinamarca y Suecia, cuya importancia había sido insignificante en los años previos a 1914, creció notablemente durante la guerra debido a que estos países